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CUIDADO CON LA LLUVIAI STAMos en pleno período de lluvias, y a u i i este pleno no se paga con monedas, como i Monte Cario, puede pagarse con innúmeras enfermedades y molestias, por lo cual voy á conceder á la humanidad doliente el alto honor de ilustrarla con mis profundas observaciones y mis sabios consejos, cosa ue nunca está demás, porque quien no oye consejos, no llega á viejo si bien esta regla tiene, afortunadamente, numerosas excepciones, pues se ven muchos sordos que se hacen viejos, como se ven muchos viejos (y muchos jóvenes) que se hacen los sordos. Además, estos consejos míos nada tienen de solemnes ni de temibles; no sucedería lo mismo si los dictase Guerrita, por ejemplo, ya que los consejos del coloso Rafael no podrían menos de ser consejos de Guerra. Que la lluvia es altamente nociva para la salud, no cabe dudarlo; si la gota es tan molesta y perjudicial, ¡cuánto más lo será la lluvia, que se compone de multitud de gotas! Para precaverse contra ella creerán ustedes que lo más esencial es comprarse un impermeable ó no salir de casa... ¡Por Dios, señores! i Hay que europeizarse... N o lo más esencial es conocer su origen y su desarrollo á través de la Historia. Respecto á su origen, que es importantísimo, parece haberse perdido en la noche de los tiempos, y aunque se ha publicado el correspondiente anuncio en la sección de pérdidas prometiendo gratificar á quien lo encuentre, no ha dado hasta la fecha resultado alguno. Sólo han llegado á nosotros leves indicaciones acerca de ese particular, gracias á unos pedruscos esmaltados de caracteres cuneiformes (que son, como su nombre indica, la cuna de la escritura moderna) pertenecientes, al parecer, á un número extraordinario de La Voz del Paraíso, revista quincenal ¡lustrada que se publicaba el año 3857 antes de J. C. Allí, despucs de notmcar que el día anterior se habían celebrado i6 ó 18 banquetes ¡sorprendente analogía entre aquellos tiempos y los actuales! figurando en el menú de todos ellos mammut en salsa y ni: gaterio trufado, reseña la última corrida de toros, y dedica un largo artículo, complementado con abundantes fotografías, á la- molesta y persistente lluvia que desde hacía no poco tiempo les importunaba; todo ese artículo no es más que un reclamo á favor de los impermeables marca Eufrates desde 17 pesetas en adelante; es decir, un artículo... haciendo el artícú- óllEWO lo; pero de él se saca en consecuencia que la lluvia existió desde el principio del mundo, aunque de manera muy distinta á la que conocemos, puesto que entonces parecían entretenerse los elementos en arrojarse mutuamente materia cósmica para distraer sus ocios, ya que no- había hombres en quienes ensañarse; vamos, que, en vez de agua, era aquello un juguete cósmico. Luego se normalizó la situación; el hombre, tranquilo y confiado, se dedicó plácidamente á la agricultura y á la fabricación de chanclos de goma... Después, i ay! llegó un día en que, al despertar, extendieron tímidamente la mano, diciendo: Parece que llueve! i Si será el diluvio? exclamó el gobernador civil requiriendo el paraguas y corriendo á conferenciar telefónicamente con el jefe del Gobierno. En su precipitada marcha tropezó con un venerable anciano, que á toda prisa estaba calafateando una abigarrada construcción de madera; mientras recogía el sombrero de copa, que había ido á parar, por efecto del tropezón, al cacharro del alquitrán, preguntó al anciano qué hacía y cuál era su opinión respecto al fenómeno meteorológico. -Es un arcano- -respondió el viejo solemnemente. -Conque un arcano, ¿ehf -replicó él, siguiendo su camino. Al oir tan ingeniosísima frase del gobernador, la muchedumhre de curiosos que en derredor de los interlocutores se había reunido, llamó al armatoste construido por el viejo, arcanoé, y de ahí que nosotros lo denominemos arca de Noé. Continuó diluviando- (aquí viene la frase de perilla) vanamente pretendieron algunos orfeones cantar hasta desgañifarse aquello de la lluvia ha cesado, -aléjase el trueno... Nada, la lluvia persistía incesante. -Viendo que todos estaban ya con el agua al cuello y que el chubasco no llevaba trazas de parar, Noe llamó á sus tres hijos (Sem, inventor del semáforo; Camj inventor de la cama, y Jafet, fundador del primer ffl eíí antecesor y modelo del cafetín actual) y con ellos y sus respectivas señoras se embarcó tranquilamente, entre los gritos de la muí-