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IOS TOROS NOTAS TAURINAS HISTORIAS NOVELESCAS LA VIDA POR LA VIDA r einte años próximamente hace que un periódico taurino de Lima refirió el hecho que vamos á relatar á continuación, y en el que no variamos más que la forma, en parte, para ajustarlo al espacio oe que disponemos. La índole del suceso entra per- Para solemnizar el triunfo de sus huestes, dispuso el referido general que se celebrara una corrida de toros, á la que asistieran el pueblo y los soldados. Se habilitó para la fiesta la plaza principal de la ciudad, cerrando con barreras las salidas. Formaba parte de la plaza el edificio de la cárcel, y en su parte alta, detrás de una ancha verja, se aposentaron para presenciar la corrida once patriotas presos que, al día si- locado las más distinguidas damas de Bogotá. En medio de ilimitada alegría, comenzó el festejo con la salida de un torazo bravo y noble; pero lo suficientemente grande y cornalón para infundir respeto en la ramplona cuadrilla encargada de torearlo. Naoíe se atrevió con él; si alguno se decidió á abrir su capote huyó despavorido al ver con la bravura que la res acometía á tomar el engaño. Algunos del público comenzaron á j i m ÍK fectamente en la sección de historias novelescas, como podrá ver quien lea hasta el final. El año 1816 la capital de Colombia (Bogotá) fué ocupada por las tropas al mando del general español Morilla, después de fuerte lucha con los patriotas colombianos. guíente debían ser pasados por las armas, según había dispuesto el general español. Todas las localidades utilízables estaban ocupadas por numeroso público que deSeaba presenciar Las gallardías de los lidiadores, y en los asientos de preferencia se habían coprotestar contra la falta de decisión de los lidiadores, y entre varias voces sobresalió una, pronunciada por uno de los compatriotas condenados á muerte, que estaba con sus compañeros detrás de la alta verja de la cárcel. ¡Q u é buen toro! -dijo- Co-