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P- O para colocarlos sitio. Entre ellos le mandan aves en número tan crecido, que no sabe la familia qué hacerse de tantos bichos. Y concluyen por hartarse de estar comiendo lo mismo y empiezan á regalárselas á sus amigos más íntimos. Ni aun así se vieron libres de tantos aninialitos, y al mediar el mes de Enero aún quedaba un pavo vivo. Oyó el doctor una tarde su lastimero quejido y le dijo á stt familia: ¿Qué es eso? ¿No os tengo dicho que los regalarais todos? ¿Qué hace en casa ese maldito? Y ie dijo su señora: No nos hemos atrevido á regalárselo á nadie, por ser regalo ridículo. Se trata de un pavo triste que, desde que lo han traído, cada día está más flaco. ¿Quién regala un pavo tísico? Salía en aquel moniento, de la cocina, el chiquillo de la lavandera, y, viéndole el doctor, le dijo: Niño, ven acá. ¿Te gusta el pavo? Señor, nunca le he comido. ¿Nunca? Pues mira por dónde vas á lograr el capricho de comerlo. Coge el pavo y llévatelo ahora mism o á casa; te lo regalo. Y el muchacho, dando un brinco de alegría, cogió el ave y se marchó contentísimo. Vivía en una casita, allá, en los Cuatro Caminos, de pocas habitaciones, pero con un corralillo; y en él, con tablas y ramas, improvisó un cobertizo para albergue de su pavo. El nunca había tenido un anímalejo suyo y tomó al pavo cariño. El pavo escuálido, al verse en aquel corral tranquilo, disfrutando el aire libre y mimado por el chico, fué perdiendo su tristeza y recobró el apetito, resultando, poco á poco, más orondo y más lucido. Pasaron bastantes días, y encontrándose al chiquillo el doctor, y recordando aquel regalo magnifico, le dijo: ¿Qué tal el pavo? ¿Te habrá sabido exquisito? ¿Cómo lo comiste, asado? ¿En pepitoria? Y el niño contestó muy satisfecho: ¡N o si no me le he comido! Has hecho bien. ¿Lo vendiste? Lo habrás dado baratito, porque estaba en esqueleto. No, señor, no lo he vendido; me daban cinco pesetas, pero le tomé cariño y, la verdad, por un duro no le vendo yo á un amigo. Al doctor le hizo tal gracia el buen corazón del niño, que le dijo: Si vendiéndole te hubiera un du- o valido, tu acción generosa vale mucho más. Y le dio cinco. Cu. R LOS CARACTERES EL INFORTUNADO icardito es el infortunado de la casa. No puede dar un paso sin romperse cualquier cosa. -Ricardito, tráenie el quinqué. Y Ricardito corre precipitadamente por el pasillo, tropieza con un mueble, cae el petróleo inflamado al suelo y arde la casa. Ricarclito compra un globo y el globo se escapa; -le traen juguetes y se le caen al suelo, quedando hechos añico s s e divierte con la pelo ta, y la pelota, al primer envión, s e cuela en uíi balcón ó en el tejado. Una vez ie com- praron u n triciclo. i No lo hubieran hecho nunca! En cuanto se vio en la carretera y comenzó á pedalear, ¡pum, vino un automóvil y chocó con Ricardito, el cual vino á dar de bruces contra la cuneta estando además á punto de ser mordido por un perro que se había asustado con la trapatiesta. Por fortuna, la cosa quedó reducida á un batacazo y á unos chichones. Pero el triciclo quedó reducido cenizas, ya que la vida la salvó milagrosamente.