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temibles era i l llamado Izaj mrre CJUL- capiianeaoa tina partida numerosa y burlaba siempre micstra persecución con asombroí a pencía y habilidad. Cuando nos parecía tenerlo muy lejos caía sobre alguna de nuestras columnas, en unión de la partida de Andoaín y siempre nos causaba sensibles bajas y nos hacia algunos prisioneros que fusila! ja casi á nuestra vista. Recuerdo un día que al mando de nna pequeña columna, formada con nii compañía y veinticinco ji: ieles á las órdenes de un oficial, emprendimos la marcha en persecución de l? agnirre, que. según confidencias, vagaba con su partida entre los pueblos de Z -y A... La j o m a d a fuviargrr y p e n o s a por la dificultad de los flanqueos y el horrible calor que se dejaba sentir. Cerca ya del anochecer se presentaron inopinadamente y juntas las partidas de Izaguirre y de Andoain. cuya vaníjuardia cmpeíú ¿tirotearse con la rnuestra. niien: os del cnt migo, cuya raDia crtcio ai oírnos y j coniplelamenie parapetados. Nos pusieron un sitio en regla y el t n c no cesó en toda la noche, menos nutrido el nuestro, para economizar municiones, pero niás certero. Cuantos asaltos intentaban, eran siempre rechazados cjn htroísmo por nuestros bravos dcfen sores, que comprendían que en ello estribaba precisamente su salvación. La luna iluminaba COT blanquecina claridad la densa conina ád humo di la pólvora íjue Rotaba en el aire, y entre sus capri cliosos jirones, como fugaces llamaradas, se percibían los fogonazos del enemigo. El quejLunbroso silbar de las balas perdidas, el redoble continuado de los disparos, las voces de mando, ios gritos, los insultos que se cruzaban de unos á otros y los lamentos de les heridos, formaban un discordante fragor y un cuadro de imponente y trágica grandeza que no e fácil olvidar. Por la hora ya avanzad: de la t a r d e el cansancio nattiral de la tropa y la superioridad numérica de las partidas que nos atacaban, comprendí qne no era prudente aventurar im combate decisivo y que era mejor mantencf e á la defensiva y pedir auxilio á la columna nuestra más cercana, Por íortuna, teníamos á retaguardia una casa de labor con corralada de recios muros, Ordené la retirada por es loncíi, y antes que pudiera echármenos encima el grueso de las fuerzas enemigas, logramos entrar en la casa y ponerla rápidamente en estado mtiy aceptable de defensa. En seguida envié una pareja de Caballería dando aviso á la columna más próxima del punto y situación difícil en que nos encontrábamos. La noche vino deprisa, noche hermosa, de luna llena, cuya claridad nos permitió distinguir perfectamente los moví- La columna de socorro, compuesta de tm escuadrón de lanceros y cien infantes, llegó í nuestro campo poco después del amanecer. Cargó el escuadrón para despejar su trcnti? y á su amparo desplegó la Infantería y rompió el fuegcSorprendidos los carlistas y temiendo ser envueltos, se replegaron rápidamerUe v emrjrendieron la retirada. Lntonces hicimos una vigorosa salida y em pe izamos la persecución. Por pronto que quisieron guarecerse en las próximas lomas, el escuadrón alanceó la retaguardia y les hizo quince muertos vistos y doce prisioneros, que fueron inmolados inmediatamente contra las tapias de la corralada. Se dieron vivas á la Reina y á las tropas de socorro. Se dio un lari o descanso, se distribuyeron raciones y se organizó el auxilio y cura de los