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IPS TOROS NOTAS TAURINAS HISTORIAS NOVELESCAS FINUL DE UNA FIESTA REGIA r ejamos una parte de la relación iniciada en el número anterior para contarla en capítulo aparte, pues con ella se establece el contraste en- algo parecido, aunque no llega: á lo p e l i g r o s o y salvaje que llegaba aquello. Indudablemente debía ser grandioso el espectáculo que ofrecieran aquellos caballeros, montando briosos caballos, burlando las acometidas de los toros á los que daban muerte con gallardía y gentileza poco comunes. rejones, y se mandaba tocar á arrete. He aquí lo que dice la relación interrumpida en nuestro artículo anterior. Pasa por alto, el autor del relato, los otros toros en los que sólo hubo un peón alcanzado y maltrecho, y dice algo de lo que en el sexto rea- tt. V vimr tre lo grande y hermoso que tenía el espectáculo taurino, de la época en que los caballeros de la nobleza eran parte integrante, y lo repugnante de algunos momentos en los que realmente era bárbaro. En la actualidad, sólo en algunas becerradas de esas á las que asisten los trasnochadores y en las que no hay orden ni concierto alguno, se ve Aún hemos visto algo en corridas regias y en la Patriótica del año 1898, y es lástima que no se repitan con más frecuencia tales espectáculos, que recuerdan los tiempos grandes de España. Lo que no estaba en relación con aq II3. S grandiosidades, era la labor de los peones cuando, or ser manso un toro, no había meoío de clavarle lizó el conde de Cantillana, quien acosó á la res con varilla. Explica esto diciendo: Esta suerte consiste en irse derechamente á la fiera, armado de garrocha óelgada y sin hierro, hostigándola en, fuerza de tocarle en uno y otro cuerno. El lucimiento consiste e n que cuando el toro arremete, el jinete tenga la suficiente ligereza para darle