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SE I M P O N E USAR LA BARBA T U IBIEN tenemos derecho los iiuiuuics a ocupamos nuestras de B u. vi. i i.i; v L. ii ijijiv. o u i i iiv. lus hombres modas. N o han de ser en esto exclusivistas las mujeres. P o r que si en sociedad, si en los salones elegantes un traje femenino bien cortado y mejor aderezado constituye una nota encantadora, también un frac bien hecho tiene importancia. Además, el vigor masculino, la virilidad no es incompatible con los perifollos. El Cid, ciue no fué precisamente un pollo neurasténico, era dado al bien vestir. El Gran Capitán, que no tomaba tila para los nervios ni se desmayaba viendo matar á una pulga, se lavaba y perfumaba y se ponía suntuosas vestidiuas después de haber ganado la batalla de Ceriñola. Así, pues, no será desatinado dedicar unos renglones á la moda masculina. Comencemos por algo que no pertenece al indumento y que se halla en nosotros mismos. H e nombrado la barba. Ea barba! H a y quien no se ha fijado nunca en la gravedad que encierra decidirse á rasuestimula con refinado estudio. rarla ó determinarse á conserEl uso de la barba ha llegado varla en toda su esplendidez. á ser una preocupación mimEa barba es decisiva. Influye dial. tanto en nuestro sello particuEn Eondres se ha fundado lar, que casi nos transformarecientemente u n a Sociedad mos por completo. E s preciso protectora de la barba, que ha estudiar bien, á conciencia, si declarado guerra á muerte connos conviene ó no desmocharla. tra los rostros lampiños. Y des ués de pensarlo, convieEsta Sociedad, que ya cuenta ne dejarla crecer, cuidándola con enormes prosélitos y que con esmero exquisito. ha puesto en serio cuidado á Ea barba es lógica y viril. los fabricantes de máquinas y Suprimirla, equivale á contranavajas de afeitar, tiene, aparriar las leyes de la Naturaleza. te de sus argumentos de estétiEs imperativa, hombruna, y, ca, otro muy convincente. Inademás, elegantísima, cuando glaterra se gasta anualmente no se la deja progresar como cien millones de francos en habosque salvaje, sino que se la cerse rasurar las barbas. Su medio de ropaganda es harto original. Cuando se propone convencer á un caballero de que deje crecer el pelo de su rostro, le envía dos retratos suyos. Uno, el habitual, rasurado, naturalmente. Otro, con barba postiza, que parece propia y que imprime á la fisonomía mía belleza no sospechada. Así, han ido cayendo muchos, viéndose aumentar de día en día el número de caras barbadas. Actualmente han recibido esos retratos lord Rosebery, Mr. Asquiht, Balfour, Elody George, Aussten Chamberlain, Conan Doyle, lord Beresford, etc, Y aunque se ignora todavía el resultado, es de suponer que no resultará infructuoso. Ea barba es tradicional en nuestro país. Eos antiguos hidalgos y guerreros la llevaban. Actualmente son muchos los elegantes españoles ciue la usan. Y esta moda tendrá que ir ganando cada día más adeptos. Ea faz rasurada es una imitación cíe lo femenino. El bigote sólo, es absurdo. L a barba es símbolo de virilidad, y bien cuidada, una magnífica nota de elegancia. PETIMETRE, Fots. Calvaehe, Ilustrado por el distinguido actor de la Comedia, Sr. González.