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EL TORERO Este no buscará ni tantas pesetas ni tantos retratos en las revistas ilustradas. Sentirá por su arte un puro amor de artista. Pinchará siempre donde se debe pinchar, y no se hará el interesante ni buscará el reclamo. Dejará de ponerse ropicas enseñoritadas, recobrando sus majos atavíos. Y á la vuelta de doce meses habrá toreado menos corridas y habrá ganado menos dinero; pero sentirá orgullo de sí mismo, y el público le aplaudirá siempre y con entusiasmo. EL CÓMICO pació. Los obreros no se declararán en huelga. Los patronos darán buenos jornales. El médico estudiará los males ajenos. El libertino corregirá los propios. Se afanará el vago. Holgará el necio. i Ah, y yo! Yo no tendré pereza en mis trabajos, y seré diligente, y no murmuraré, y dejaré los breva jes nocivos. Cuando me despiertan en mi butaca dormilona, me hallan sonriendo. Y AL DESPERTAR... El cómico no se vestirá de pantalón ejecutando una obra romana ó griega. No confundirá al rey Lear con el rey de oros. Estudiará sus papeles, y, sobre todo, la psicología de sus papeles. Y transcurrido el año podrá codearse con Taima. EL E M P L E A D O Tendrá el concepto neto, claro, de la oficina. No leerá periódicos, ni tomará café, ni hablará de política y de toros. Los expedientes correrán entre sus manos ávidas como agua de río. No hará volver seis veces al solicitante. Y al expirar el año, su covachuela, sin polvo y sin legajos, tendrá la Y al despertar, me incorporo y pregunto qué hora es. ¡Las doce y media! Ya estamos en 1912. Ya comenzó mi año nuevo, el año nuevo para todo el miundo, el año feliz. Me desperezo. Pido café y licor. Después, hojeo las páginas virginales de un Kbro nuevo recién llegado. Lo encuentro estúpido, y me propongo hacer una crítica sañuda. Pasa un rato de incertidumbre. Debía trabajar, escribir, sumirme dentro de mis afanes. Pero tengo sueño. Y, al fin, exclamo: -i Bah, trabajaré mañana! Luego me asalta un pensamiento mortal: cara lavada y habrá logrado para el erario público un nuevo cauce de prosperidad. Y ASI TODOS -Pero yo había prometido cambiar de vida... Vacilo. Hago después un gesto bizarro: ¿Cambiar de vida? Sí, el año que viene. Y todos conmigo, mientras en pañales aún se lleva los puñitos á ía cara el nene recién nacido, habrán despertado y habrán dicho como yo: -El año que viene... El año que viene... Luis ANTÓN DEL OLMET. Y así, mientras patalea gimiendo el año que nace, todos piensan igual. La tiple bajará sus faldas y alzará su voz. El sereno abrirá las puertas y no las tascas. No sisará la cocinera. Los automóviles marcharán des-