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ver avanzar una negra montaña, coronada de espuJuanico, ajeno á la preocupación del viejo lobo, ma, que amenazaba hundir al velero. miraba con curiosidad el loco torbellino de los elementos riñendo terrible combate contra el bergantín, El grumete, aferrándose al cordaje para evitar el que, á cada nueva embestida de las bravas olas, esempuje del fuerte golpe de mar que inundó la cutremecíase con inquietantes crujimientos. El intrébierta, exclamó chanceándose: pido espíritu del muchacho, tenía esa temeridad de- ¡Cudiaito, sala, que me vá usía á mancha lo sala ignorancia que fué germen de no pocos héroes. pato... ¡No juegue, Juanico, que tú no conose la inten- En el año que llevaba de navegación, fué para él la mar como interminable álbum en el que cada página sione d esta! y la mano temblona del anciano, en contenia nuevas emociones. Con la serenidad hierála que las venas parecían sarmientos, indicó en trática de una escultura, veía el terrible efecto de las gico ademán la inmensa superficie del Atlántico- tempestades sin que su corazón sintiera el agobio de Dígate, muchacho- -insistió el señó Manué, -que me la más leve inquietud. Como ignoraba el peligro, le dá mala espina lo que por ayí avansa... Fíjate: paese desá: fiaba. Por eso gozaba de las simpatías de la triqu er sido s agrieta y se rompe asina mesmamente pulación y, á pesar de no contar más que doce años, que un cacho trapo apoliyao... Miá qué negro! le consideraban como á un hombrecillo de temple. -Po tocante á mí, señó Manué- -prorrumpió el En cuanto á sufrido para el trabajo y á humilde chico- si mar no m equivoco, pa mí que la má no nadie como él. Y de dicharachero y espontáneo quié ná conmigo... Yo creo que tié arreparo d enpara requebrar á las hembras, nada se diga. Cuangoyiparse... No mermare, chavea, que naide ha sabio er fina do la labor permitía el desembarco, los marineros disputábanse á Juanico para llevarle en sus correrías que i aguarda! En estos transe, má qu en la habiliá de zambra, haciendo lenguas del mucho reír que el de cá prójimo, hay qu esperarlo too d ayá arriba... Yo chico les proporcionaba con su donaire, i Y había tamién, cuando era moso, m alegraba de que la má que verle cuando, ataviado con su trajecillo de homs enfurruñase; me paresía tarmente que cuando á mi bre, la pipa humeante como una chimenea, el flexiagüelica l hasía rabia y eya trataba, sin conseguirlo, ble ladeado hacia el parietal derecho y calzando los d echarme los deo ensima. Enante era pa mí esta conbotines de charol, marchaba, presumido y jacarandena como argo mío que no podía pasa sin eya... Pero doso, con un gesto picaro en los labios y los ojos emestos mis ojo, Juanico, han yorao lágrima de sangre briagados de malicia, piropeando más que un sarpor su traisiones y eya m ha ío desbaratando er cogento y derrochando la plata con tanto rumbo como rasen y ha ponió en mi frente y en mi arma mas arrumajeza! ¿Pues y valiente? Pólvora era su sangre, ga que las menesté... que ardía á la menor alusión ofensiva. Así fuese un- ¡Mar quié usté á la má, agüelo! hombrón tan grande como un castillo no se mor- ¡Tú carcula... -y el señó Manué, entornando sus día la lengua: se rascaba la cintura y, con la gapárpados rugosos en nostalgia de pretéritas emociolla- día de un Lavardieri, desafiaba al osado para que nes, siguió con acento de mal contenidos suspiros- saliese á la calle á patentizar su guapeza... ¡A él vaEsta mardita se tragó mi Veló, qu era lo mismo que lientes! ¡Si era la mar salada y no podía con él i una palomica pinturera... ¡Si tú l ha hubiá conoi Bonito era el niño para dejarse pisar! sío! Ligerico como una pluma, con las velas j hincha y abierta tarmente que las ala d una gaviota, Sin musitar palabra, el señó Manué recordaba corría los viento más peore y en toa la má hubo falutodas estas cosas, y sus ojos empañábanse en rebelcho que pudiá j hasé comparansa en bravo y sufrió. des humedades al presentir que aquel niño, único Cuando los condenao der resguardo lo filaban, se afecto que le quedaba en su senectud, quizás muy metía mar adentro, sartando d ola en ola, engayaico pronto fuese tragado por la voracidad del mar, igual y agí tar que una jaca jeresana... Pero too tié fin que perdió para siempre aquel falucho, pinturero en er mundo, y esta mardesía perra, qu es peo que como una palomica, que tan justamente llamóse una mala mu jé, una noche rugió la indina y se tragó Velos. mi Veló pa siempre... D entonse me vié la mala pata. Seguía el bergantín su loca carrera, saltando soCaí en podé de los carabinero y aya fí á presiyo cuabre las olas, cabeceando bruscamente, bandeand. tro año á pudrime pasando la pena negra y á renegá cada vez más... El agua barría la cubierta golpeando de los hombre que no le dejan á uno ganarse la vía con encono los trebejos que, no pudiendo resistir los con honradé. Porque, dime tú; ¿qué rimportaba al violentos empujes, desprendíanse de las amarras Estao que yo me ganase er pan de los mío sufriendo para caer en las obscuras profundidades del Atfatiga pa yevá una miseria tabaco? ¿Aonde se lántico. gana er pan más trabajao qu en este cochino ofisio? La zozobra habíase adueñado de todos los espíri ¡Dime tú, Juanico, si no é un contra Dio mete en tus, menos del de Juanico, que seguía contemplando chirona á un hombre, honrao á carta cabá, por una con impavidez el ñero rugir de la tempestad. Los custión asín... ¡Te digo, muchacho... -y el viejo tripulantes amarrados por la cintura, ejecutaban las lobo de mar se interrumpió para mirar al cielo, que órdenes del patrón, más por hábito de obediencia pareció abrirse como enorme boca incendiada, á cuyo que por interés de cumplir sus deberes. Presentían bostezo tableteó furiosamente un trueno largo, de que la catástrofe estaba próxima y en sus cerebros, trémolo pavoroso. Rugió el Atlántico, cual monstruo alocados por el espanto, surgían los terribles cuadros herido, y el hululante eco agoró inminente hecatomde miseria que tendrían míseros be- ¡Miá cómo ríe la indina! -runruneó el timo- si ellos perecían: aquél, lugar en sus el padre hogares que tenía tullido, nel- ¿Note lo dije, Juanico... en su desesperación veía el horrible dolor del moribundo al saber la noticia del naufragio; uno, temblaUna impetuosa oía azotó violentamente la banda de ba convulsivo al pensar en la suerte que cabría á su babor, bañándoles de pies á cabeza, y poniendo en hija, la moza perchelera, reidora y locuaz, alegría de grave peligro la estabilidad del bergantín, que cabela casa; esotro recordaba á la novia, que aguardábale ceaba dolorosamente, como enfermo atacado de meimpaciente para decidirse, en interminables idilios, ningitis... Crujía el maderamen, amenazando dessus honrados amores, expresados siempre con los prenderse de la quilla; las vergas gemían roncamente; mismos madrigales, que á ellos les parecían complechirriaba el herraje, produciendo escalofríos; y las tamente nuevos... Los que mil veces maldijeron su velas, hechidas al embate del ciclón tempestuoso, vida y hasta, en locos desvarios, pensaron quitársela, desgarrábanse con el tremendo impulso... Ni una esante la inminencia del peligro sentían infinitas antrella en lo alto, ni un punto luminoso del lado de la sias de vivir, y sus ojos, ávidos de hallar entre las costa... profundas negruras algún punto de luz que les sirEl señó Manué contemplaba en silencio la inmensa viera de norte y esperanza, se humedecían en lágrioscuridad, y sus manos, apretadas á la guía del timas de desconsuelo... món, procuraban no distanciar al barco de su ruta. De vez en vez, el anciano susurraba á media voz Enrojeciéronse las aguas... Resonaron fatídicafrases incoherentes, que nadie sabría decir si eran mente roncos truenos, como continuas descargas de blasfemias ó palabras de esperanza. mil cañones formidables... Las olas, convertidas en