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Córtese por esta raya. DE LA MEMORANDA DE FRANKLIN fué solamente un gran un B cíijamín Frahklin no ciencia; fué también un patriota, Henobenemérito hombre de hombre de virtudes, respetado por todos sus conciudadanos. Para corregirse de sus pequeños defectos, empleaba medios ingeniosos y sencillos, llevando escrupulosamente una especie de contabilidad de las veces que faltaba, siquiera fuese ligeramente, á sus diversas virtudes. En un cuadrito, como el que reproducimos, había anotado las virtudes que él suponía indispensaD. L 1 M J V bles para su buen- gobicriio, señalando con mía cruz Teniplaiiz. -i aquellas á las que había 4 -tfaltado, y, día por día, Sileiicio operación que hacía todas- h +44- -fOrcleii. las noches antes de acostarse. 4+ ResohiciLoii A fines de semana se re 4- h Ecowoini cogía y meditaba sobre lo que él llamaba sus culpas, TlílbAIO cancelando 1 a s cruces y 5iii eii í; icl comenzando desde el prin cipio al fin, hasta enconJiisticvi trar vírgenes de toda falta Moileiiicitn los siete cuaciritos del en casillado. Linipiez. T. Con este procedimiento sencillísimo Franklin obte- nía resultados m a r a v i1 Hiumlcíacl llosos. Más tarde, simplificó el método, sirviéndose de una pizarrita ó tabla de marfil, donde, al terminar la semana, borraba lo escrito. Fijaos bien en esta hoja de la memoranda de Franklin que reproducimos y que ha sido conservada religiosamente. Franklin se dplía de no haberse habituado desde pequeño á ser metódico. Y no solamente él. Por esta razón, el método del gran americano podrá ser útil á muchos. Que á todos conviene seguir un ejemplo semejante. A falta de pizarra ó tableta de marfil, podéis consignar vuestras impresiones en, un cuaderno de bolsillo. Nada perderéis con ello. i MAS DICHOSO Llegaron las alegres vacaciones, y. Luisito y Antón dejaron el colegio, donde internos estudiaban los dos. Iba contento Luis como unas pascuas. y el pobre Antonio no, -porque precisamente en esos días le acometió un dolor de cabeza muy fuerte y una angustia de estómago feroz. Cuando llegó á su casa, la familia al médico llamó, el cual dispuso que guardara cama por buena precaución, esperando que pronto mejorara con lo que recetó. -Vaya unas vacaciones divertidas. i Que desgi- aciado soy! -jdecía el pobre Antonio al acostarse de malísimo humor- Luis sí que tiene suerte. Qué contento habrá llegado hoy á casa de sus padres! Le estoy Viendo, siempre de diversión y comiendo de todo. ¡El, que es goloso! más goloso que yo. Yo aquí, sujeto á dieta y obligado, por orden del doctor, á tomar cucharadas de ese líquido que tien mal sabor. En efecto, Luisillo mientras tanto gozaba á discrección, y dada su afición á golosinas, de todo se atracó. Fué Antonio mejorando mientras tanto, y ya curado Antón, fué á ver á Luis, y le encontró en la cama con un cólico atroz, que estuvo si se muere ó no se muere. i Quién era más dichoso de los dos? ¿El que con juicio se libró de males, ó el que por los excesos enf erriió? I CH. -41? 1 2-