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de alfileres, aconsejándole que los vendiera, y que con lo que sacase comprase más para volverlos á vender. El muchacho lo hizo tal y como se lo aconsejó su nueva amiga, aprendiendo á ganarse la vida con su propio tj- abajo. Pasaron, quince años y una tarde se presentó ante la hiña, convertida en mujer, un muchacho robusto y guapo, bien vestido y llevando en la mano un papel de alfileres. -Vengo á pagar mi deuda- -dijo, y entregando el paquete á la sorprendida muchacha, prosiguió- Son de mi fábrica. Gracias á usted aprendiá trabajar; hoy soy rico, todo me sonríe, sólo me falta tina compañera qué comparta mi felicidad, La ñiha de aldea y el pastorcito se casaron y hoy, bendecidos por Dios, gozan con la dicha de gUs hijos, las caricias de sus nietos y la gratitud de los iiinumerables pobres á quienes socorren. Este alfiler es uno que el huérfano conservó como recuerdp- de su bienhechora, y que- yo tengo siempre en la servilleta para recordar qué, gracias á él, se hizo un hombre honrado mi querido amigo. Guando el banquero terminóCsu relato se levantó Alicia, y. enseñando una aguja engarzada entre dos brillantes, en forma de imperdiblé, dijo: -Y yo conservaré siempre la aguja que sirvió de intermediaria para unir á los dos niños. Por casualidad ó por inspiración, la chiquita no quiso volver á coser con ella en cuaiito terminó su tarea y la guardó como recuerdo del que la Providencia tenía destinado para ser su compañero en esta vida. Todos los allí presentes se miraron y: ninguno vaciló para reconocer en los dueños de la casa á ios héroes dé tan interesante historia. Cuando vosotros, simpáticos lectorcitos de GENTE MENUDA, sintáis que la pereza os domina, sugiriéndoos mil pretextos para abandonar el. estudio, acordaos del pastorcillo y veréis cómo el amor al trabajo renace en vuestras almas infantiles, y con él la paz y la alegría, compañeras inseparables de los niños aplicados. Todos tenéis en el mundo un ángel bueno, en vuestros padres, en los hermanos mayores ó en alguna de las personas que os quieren mucho, como lo fué Alicia para el pastor, el cual sin ella, es casi seguro que no hubiese llegado nunca á tener una posición respetable en la sociedad; pues bien seguid sus consejos sin protestar y no tardaréis en obtener el premio merecido. MARÍA D E PERALES. -418- UN ATRACO CONCLUSIÓN 7. ¡f orne usted! ¡Pero guar 8. 1. de. esa navaja, hágame el favor! ¡Venga á socorrerme! r 9, -Por allí se fué corriendo; vamos á ver si logramos Jcanzai le. j. 2 p ryt A- 10. Bueno, ya me puedo ir tranquilo p a casa. i i -Á ver lo que hay aquí (lentro, que debe ser un aderezo. -423 12. ¡Camárá, y para esto me he expuesto yo á ir s. Abanico!