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de familia que os aguarda. Llegan parientes y más parientes, que apenas si veis ni tratáis en el resto del año, y os sentís un poco molestos. ¿Esta todo preparado? Pues, i hala! á la mesa. Como padre de familia, tenéis que hacer plato á doce ó catorce personas que han invadido la mesa por la penetración pacífica del parentesco y la amistad. ¡Sirve, sirve tú, que para eso te das mucha maña! dice un comensal que es la primera vez que come en vuestra casa. Y todos levantan en alto sus platos, como en ceremonia de juramento; unos lo retiran en seguida, discretamente, y otros fingen estar distraídos para que les pongan mayor ración, diciendo hipócritamente: ¡Jesús! ¿Pero eso es para mí? j Me ha puesto usted, demasiado! El que parte y reparte, se queda con la mejor parte agrega un chistoso de la familia. Y á medida que las libaciones se suceden, por aquello de que esta noche es Nochebuena, las cabezas se trastornan y la comida es un guirigay imposible. Algunos se sienten aflictivos y tiernos y os recuerdan inoportunamente vuestras más caras afecciones. ¡Si tu padre te viera por un agujero! ¡Tanto como le quería! ¡Y al pobre no se le logró verte d e registrador de la Propiedad! Pues, ¿y su tía? añade otro. ¡Su tía que no tuvo más pío que éste! ¡Si aún me parece verle de falditas, tan feillo, con aquellas perras que cogía! ¡Tú no te acordarás, seguramente, pero yo, sí! ¡Parece que ¡o estoy viendo! Y vosotros agotáis todos los gestos y no sabéis que cara poner. Bueno, buen. -i, ínter: umpen las muchachas, que nos cuente algo gracioso. Si no recuerdo ahora! decís tímidamente, porque maldito si tenéis ganas de entretener á aquel publiquito. Sí, sí, que sabe cosas bonitas y muchos cuentos mu graciosos! Y no hay otro remedio Es forzoso hacer el gaste y, en lugar de divertiros, como pensabais, divertir á los demás que, hiposos, ebrios, pesados, con una conversación fatigosa, incoherente, os amargan la noche... ¡Oh, estúpida fiesta de insaciable glotonería! Egoísta noche en que las gentes se recogen en sus escondrijos, atrancan las puertas, ciérranlo todo, sin duda para que los acentos doloridos de los vagabundos, de las almas errantes, no perturben el reposo de las groseras digestiones del yantar sin medida. LUIS GABALDON. WB W í SltlNO