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PASQUAM HABüMUS 1 as fiestas reglamentadas me molestan de un motío extraordinario. Ir de romería en San Isidro, de verbena en los meses caniculares, comer buñuelos con motivo de la conmemoración de los difuntos- ¿qué tendrán que ver loi churros con los responsos? -y entregarse á la juerga familiar en estos días de Pascua, siempre me pareció indigna servidumbre de iuien pomposamente se llama rey de la creación. ¡Esta noche es Nochebuena, lector! Esta noche es Nochebuena! dice la gente, poniendo en sus labios una sonrisa de tolerancia. O, lo que es igual, seamos glotones, borrachos, impertinentes, groseros y egoíslas; sobre todo, egoístas. ¿Nochebuena? Muy de mañana nos despiertan el horrible trajinai de la familia, el continuo y desesperante campanilleo de tos proveedores, los requerimientos de la esposa, que se acerca á nuestra cabecera para dolerse mimosamente de que no la alcanza el dinero, que necesita cinco duros más; sus lamentos de que todo cuesta un ojo de la cara, y otros etcéteras desagradables. Al levantarnos, nuestras primeras miradas son para el pavo, triste, macilento, en un rincón de la cocina, donde aguarda sus postreros instantes, y sentimos cierto resquemor. ¿Qué nos hizo aquel infeliz, al que dejamos tranquilo el resto del año, para que le sacrifiquemos á última hora tan despiadadamente? ¡El pavo ó la fuerza del sino! ¡Terrible cosa! Salimos á la calle v nos dejamos seducir fácilmente Sll NO por la chachara del tendero. Don Luis, nos dice con la más amable de sus sonrisas, ¿por qué no lleva usted de este turrón de nieve que acabamos de recibir? ¡Es gloria 1 Pruebe usted esta guayaba. Es gloria! ¿Y este mazapán de Labrador? j Es gloria Y nos carga de paquetitos y aún nos dice cariñosamente que si deseamos alguna otra cosita. Volvemos al domicilio. Los chicos salen á nuestro encuentro, porque todo lo quieren ver y gulusmear. Nuestra esposa se escandaliza porque nos han robado en el peso, y nos dice que no sabemos comprar, y hasta pretende que devolvamos los paquetes; pero nosotros, lastimados en nuestro amor propio, reconocemos que es caro, eso sí, pero que i es gloria! Por supuesto, nos dice nuestra cónyuge, que hoy no saldrás de casa; hay muchos borrachos por las calles y puede ocurrirte alguna tontería. No es por egoísmo, todas las noches te dejo ir donde quiere tu gusto; no es mucho exigir de ti que una vez al año te quedes con nosotros. Y os resignáis, aun á sabiendas de que os aburriréis de un modo formidable, ante el imponente cuadro