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mmi En Mismñ PAGINAS FEMENINAS ssfi: CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES 2 0 DE DICIEMBPE V isitando una de las casas de modas más favorecidas por las elegantes de todos los países civilizados, se me ocurrió exclamar, sorprendida por la originalidad de sus modelos: P a r e c e n hechos por manos de h a d a s L a señorita que me los iba enseñando se sonrió, y me d i j o ¿Q u i e r e usted que le cuente el origen de nuestra c a s a? E n c a n t a d a respondí, creyendo que hablaba en serio; y ella, con esa gracia picaresca de las parisienses, me contó lo siguiente: C o m o estamos en el mes de Diciembre, tiene más oportunidad mi relato, por tratarse de un cuento de hadas. Únicamente asi podría comprenderse que las casas tengan cuna. Pues bien; al lado de la cuna de nuestra casa hubo tres hadas bellísimas, que acudieron para conceder sus mágicos dones á todas nuestras creaciones. U n a se llamaba Gracia, más bella aún que la belleza misma, según dijo un poeta, y que familiarmente la conocemos por el nombre de Chic. L a segunda se llamaba Elegancia. Se parecía bastante á su hermana la Gn cia, aunque diferenciándose en algunos detalles. L a tercera de nuestras madrinas no tiene nombre. E s ese no sé qué, mezcla indefinible de todas las virtudes estéticas: Discreción, Sencillez, Armonía, etcétera. Ella es la que inspira nuestras creaciones y la que nos dice hasta dónde deben prestarnos su concurso la Gracia y la Elegancia, concediéndonos además el don de la intuición, que nos permite adaptar el estilo á la persona que lo lleva. N u e s t r o arte, nos dijo, lejos de imponer sus concepciones á la mujer, será un fiel subordinado suyo. Debéis comprender que una toilette femenina no puede ser bonita, si n encanto no parece dimanar de la figura que se esconde entre sus pliegues, apareciendo como algo creado por ella misma. El modisto tiene que ser un artista que analice é interprete la belleza y la ponga un marco apropiado. Ese modisto será el dueño de esta casa. Así habló el hada sin nombre al lado de la cuna de estos talleres. E l cuentecito tiene gracia é ingenio. E n medio de aquella atmósfera de trabajo, entre maniquíes, obreras, costureras, cortadoras, todas hablando alegremente, sin soltar su aguja ó sus tijeras, producían un ruido semejante al que hacen las abejas, y lo mismo que nos sucede al contemplar una colmena, nos sucede al visitar un taller; pensamos en la miel que elaboran. E n este caso, la miel son las toilettes cjue salen de sus manos, como si nadie las hubiese tocado. Descubrirlas todas, sería imposible, dado el reducido espacio de que dispongo; pero procuraré detallar una que todavía no conoce el público. E s de raso flexible, color de marfil; el cuerpo y la falda, drapés, con mariposas de diamantes; las mangas. de tul bordado, también con cordoncillo de diamantes. L a falda y el cuerpo se abren sobre una gasa de los hombros, por debajo de dos mariposas de terciopelo negro, cuajadas de brillantes; al borde lleva una guarnición de skungs, con un grupo de rosas en el centro. Ese escote redondo, deja al descubierto el principio del hombro. L a mayoría de los escotes son de este estilo; por cierto, mucho más bonitos que los cuadrados ó en pico, y pareciendo mayores, son en realidad m u cho más modestos que aquéllos. L a cola va completamente suelta, como en los trajes imperio. CONDESA D ARMONVILLE. TRABAJOS MANUALES I I n poco tarde se me ha ocurrido pensar en los regalos de Navidad; pero aún llego á tíem o para alguno de los que se hacen en Año Nuevo. Naturalmente, me refiero á los que dedicamos á las personas de cariño, que no se quedan satisfechas si les damos un objeto comprado; es preciso que sea algo hecho por nosotras mismas, algo que signifique haberlas dedicado todo nuestro pensamiento durante varios días. P a r a aquellas cuyos sentimientos sean menos desinteresados y que prefieran trabajar para adornar sus casas serán más oportunos mis consejos. El invierno, con sus días de reclusión forzosa, es la estación á propósito para todo género de labores. Además, es la época en que la vida social está en pleno apogeo. Todo el mundo recibe en estos días, y las señoras modestas se ocupan de refrescar y dar alguna nota de originalidad personal á su salón, sin cambiar las líneas esenciales del decorado. Place falta tan poco para conseguirlo... con sólo un poquito de trabajo y buen gusto, basta. N a d a puede procurar á una mujer mayor satisfacción que dedicar su tiemjDO á embellecer el rincón testigo de su dicha, imprimiendo en cada objeto el sello de su inteligencia y de su alma. Cada labor por ellas confeccionada conservará á través del tiempo una serie de recuerdos, cuj o relato, escuchado con religiosa atención por sus hijos y nietos, hará revivir épocas felices y servirá de estímulo á las muchachas para trabajar, aunque sólo sea con el deseo de sorprender al que esperan que ocupe á su lado el puesto que ocupó el abuelo en la vida de la abuelita. Mis lectoras se van impacientando; me lo figuro, y por eso hago punto en estas reflexiones y paso á explicarlas una labor que siempre es útil y bonita. Esas mesitas ambulantes cjue sirven para todo, se cubren por lo general con un tapete. El tapete debe de estar en armonía con el mobiliario del salón. E n un cuarto donde se está siempre, lo más práctico es hacerlo blanco, con objeto de lavarlo sin necesidad de recurrir al tinte, lo que, repetido con frecuencia, resulta costoso. S 4 5 6 7 8-