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Cuando el sol de la dicha mi vida alumbraba, volaban las moscas á su luz risueña, y coro de amigos mi bien festejaban con dulces palabras, con alma fraterna, coraiendo conmigo mi mejor bocado, gastando conmigo mi postrer moneda. Voló ya la dicha, vacía está mi bolsa y ya ni un amigo tan sólo me queda, del sol apagóse la lumbre radiante, las moscas no danzan á su luz risueña; amigos y moscas son todos lo mismo: si se va la dicha, se marchan con ella. En las noches crudas del helado invierno la Inquietud doliente mis cuidados vela, con corpino blanco, con la negra toca, sorbiendo tabaco con fruición intensa, y la tabaquera, fúnebre, rechina. ¡Qué horrible es la vieja cuando cabecea! Qué de veces sueño yo en mis tristes noches que volvió la dicha con la primavera, y con mis amigos, la danza de moscas de la luz en torno, volando risueñas. Mas cruje la caja... compasión. Dios mío, mis ensueños vanse, se suena la vieja. Í S. J JOSÉ PABLO RIVAS.