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MU (2 ÍER lMensn PAGINAS FEMENINAS En cuanto á adornos de cabeza, se va perdiendo afortunadamente la manía de ponerse lazos y flores como un complemento indispenMIÉRCOLES 1 3 DE E sable para la toilette de noche. Las señoras no A falta de una orientación clara y precisa, la tienen que vacilar, puesto Cjue las jo 3 as son, moda evoluciona hacia lo complicado é han sido y serán su adorno de cabeza. El quid incoherente. del buen gusto donde es preciso demostrarlo Los modelos más notables, sino por su mé- es en las muchachas, porque los adornos que rito artístico al menos por el nombre de quien pudiéramos llamar de modista suelen ser holos presenta, son un conjunto de telas y de co- rribles, y de los caseros más vale no hablar. lores tan disonantes entre sí que fatiga el miCONDESA D A R M O N V I L L E rarlos. En el año de 1860 se inspiran los vestidos cortos, con sus cuellos y pañoletas, y aunque remotamente, empezamos á entrever la posibilidad de resucitar la amplitud de sus mangas y de sus faldas. Los dibujos bizantinos nos pro- íA CONFECCIONAR porcionan modelos para bordar los abrigos de BOLSILLOS! noche. A los tejidos casi impalpables, tanto tiempo P ara poder llamar elegante á una mujer no en boga, han sucedido otros, también ligeros; basta con que tenga una buena modista, ni pero más resistentes: el terciopelo, tafjetas, que vaya siempre como un figurín; es preciso crepe- satin, damas y brocart, todos ellos com- algo más, algo que no se encuentra en los granbinados con encajes y pieles. des talleres. Una mujer verdaderamente elegante El taffetas tornasol obtiene, lo mismo de día posee el don de armonizar todo cuanto la rodea, que de noche, un éxito colosal, sin duda por lo evitando las disonancias entre su vestido, el debonitamente que se pliega y por la suavidad de corado del salón y las flores que lo adornan. su colorido. Entre los más favorecidos por las Entre las personas de posición más modesta personas de buen gusto citaré el azul y cereza, hay también mil detalles que revelan la elegancia malva y rosa, topo y malva, violeta y verde, innata de una mujer, sobre todo en las pequeneazul y verde, sin olvidar el clásico gorge de pi- ces, que ella misma puede confeccionar, y que geon, conjunto de todos los grises, con reflejos bajo una apariencia de economía, suele encontrarrealmente ideales. se un deseo de originalidad puramente personal. La combinación de varios colores en una Empecemos por esos bolsillos de aspecto antiguo, sola tela, por muy suave que sea su tonalidad, para los cuales se pueden utilizar sedas bordadas, nunca favorece, y, por lo tanto, conviene formar encajes amarillentos, galones de oro viejo, en una marco con tul ó encaje, y si, por un refinamien- palabra, todo lo que sea de principios del siglo to de coquetería, se huye del blanco, puede po- pasado ó, al menos, que lo parezca. nerse de terciopelo negro la parte superior del Es preciso huir de los colores brillantes. El mécuerpo. rito del bolsillo consiste en que parezca que per Los vestidos de damas se hacen largos y gra- teneció á la respetable bisabuela de la encantadora ciosamente drapées, sin interrumpir la linea, muchacha que acaba de confeccionarlo. siempre severa. Esta palabra me hace sonreír; Un modelo de los más fáciles de ejecutar es el hablar de severidad describiendo toilettes pa- siguiente. De terciopelo negro, con una greca de rece un contrasentido. ¡Cosas de la moda! Las cordoncillo de oro viejo y aplicaciones de guipure, corazas de perlas, cristal ó algo que brille están también de oro, con flores bordadas encima en haciendo furor. Muchos cuerpos se abren sobre varios tonos rosa y verde muy pálidos. Modo de un encaje antiguo, que volverá á aparecer al confeccionarlo: borde de la falda, por delante, conservando el En crudillo, como el que usan los sastres para resto del vestido una tonalidad obscura. En ter- armar cuellos y solapas, se corta el bolsillo del ciopelo, sobre todo, es ideal. tamaño y la forma que se desee. Las proporciones Para las muchachas jóvenes siguen siendo las corrientes vienen á ser: 30 centímetros por abajo, faldas cortas y bastante amplias, los escotes 22 por arriba y 25 de altura. Se cortan dos pedazos de crudillo, dando á uno de ellos 15 centímás altos y las mangas largas. Las cabezas, es decir, los peinados, se afir- metros más de alto, con objeto de que vuelva soman en su tendencia al moño bajo. Algunas bre el otro y sirva de cartera. En seguida sc muchachitas muy jóvenes adoptan el estilo de marca con jaboncillo, sobre el revés del terciolos pajes de la Edad Media, y les sienta á las pelo, el contorno de la entretela, y se unen con mil maravillas. Los flequillos postizos son muy un sobrehilo. Una vez así preparado, se aplica el socorridos; pero no se los aconsejo á mis lec- adorno; luego se unen los dos pedazos á punto por encima, y se ribetea con un galón antiguo. toras, porque envejecen de un modo terrible. CRÓNICA DE PARÍS 2 Sí 45678-