Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Miró estúpidam. ente á Reguera. Luego á mí mujer morena y desconocida fuese, andando el tiempo, la madre de mis hijos... para volver á fijar la vista en el retrato. Pero de pronto debí agravarme; perdí la noYo recordé la tortura sentimental de Borjas. ción de todo y cuando pude darme cuenta de lo La muchacha del retrato tenía la carnación moreque me rodeaba, estaba en eb Hospital militar de na, los ojos muy negros, y sonreía de un modo la Habana. El médico de las barbas blancas, la dulce, lánguido, como debía de haber hablado en señora de aspecto triste, el caballero cetrino y si- la vida. lencioso, ¡a muchacha de ojos morenos y el habla Me ratifiqué en lo que le había dicho á Borjas mimosa, habían desaparecido... tres días antes en el tren. Había presentido á una Una vez restablecido, reintegrado de nuevo á mujer que no pudo ver. La dama del retrato demi regimiento, intenté averiguar en qué casa me bió morir muchos años antes. cuidaron, qué familia era aquella tan solícita y De pronto Borjas se volvió hacia Reguera. bondadosa. Fu- ron inútiles cuantos esfuerzos Tenía los labios muy pálidos. La voz le tembló hice por averiguarlo. Nadie pudo decírmelo. Es al preguntar: más: no faltó quien, mal informado sin duda, ¿Es cubana tu mujer? aseguró que me habían llevado directamente al: -Sí. Creo que os lo he dicho alguna vez... Es Hospital militar el día siguiente de caer herido. hija de españoles, pero nació en Cuba. Ahora está Pero yo estoy seguro de que no. Aquella mujer, en la Habana donde ha ido con su madre- para á quien un profundo respeto, casi religioso, me asistir al padre que está gravísimo... Yo la conoimpidió hablar de amor, existía, no fué hija del; cí en España cuando se vinieron á vivir con unos delirio ni fantasmal creación de la fiebre. parientes, poco después de la guerra. Pero mi- Estás seguro? -pregunté. suegro no quiso abandonar á Cuba. Antonio Borjas frunció el ceño. ¡Ah! ¿Y se parece á ese retrato? -Muchísimo. María, cuando yo la conocí era- ¿Tú también? No esperaba de ti esa pregunexactamente igual á su abuela joven. Mañana os ta. Confiaba más en tu inteligencia. enseñaré un retrato que tuve el capricho que se- -Por lo mismo Antonio. Hay que creer en una vida del espíritu, en una sobreexcitación senso- hiciera vistiendo un traje idéntico á ese y con el rial, tan definitiva, que baste para crear una exis- mismo peinado. Es muy curioso... Pero os estoy tencia con todas las emociones y sensaciones de; dando la lata... Venís rendidos y hay que madrula realmente humana... Yo no dudo que esa mujer gar. Buenas noches ¿eh? Nos dejó solos. exista. Lo que sí dudo es qué tú la hayas visto. La has presentido, la has adivinado, y, cuando Antonio Borjas y yo nos miramos en silencio. te encuentres en presencia de ella, la que debía- ¿Lo ves? -dijo al fin Antonio. ser para tí una desconocida no lo será. No me atreví á contestar nada y empecé á desMi amigo sonrió melancólico. nudarme. -No está mal la explicación. Pero yo me atenAntonio me imitó. Nos acostamos sin cruzar go á la otra, á la inexplicable. más palabras. Las camas estaban casi juntas, seLuego desvió la mirada hacia la ventanilla. paradas por la mesa de noche, común á ambas. El tren empezaba á encajonarse por los desfiYo intenté dormirme, sin conseguirlo por la laderos grises y adustos de las piedras, caracte- luz encendida. rísticas de Villalba. Sin embargo no me atrevía á decirle á Antonio que apagase. II De pronto con una voz ronca, gutural, mi amiCuando Reguera, dos días después, de vuelta go hizo una pregunta insólita: ¿Tú crees que lo de Melilla se formalizará? de la cacería, nos entró en la alcoba donde íba- -Seguramente... mos á pasar la noche de descanso hasta el amaMe dio miedo pensar lo que aquel hombre, canecer que tomáramos el correo del Norte, Antopaz de todos los heroísmos é incapaz de ninguna nio Borjas lanzó un grito: infamia, habría pensado. ¿Quién es esa mujer? Reguera y yo miramos al cuadro que señalaba ÍII la mano convulsa del militar. Era un retrato al Un día los periódicos españoles dieron cuenta, óleo representando una jovencita morena, vestida en sus informaciones de la guerra, de la muerte con un traje de color de rosa y peinada con bucles del teniente coronel Borjas. Nadie pudo expliá la moda de principios del siglo XIX. carse cómo fué aquella muerte. Únicamente bus- ¿Esa? La abuela de mi mujer. cándola, desafiándola, se la encontraría tan in ¿La abuela de... evitable... JOSÉ FRANCÉS. Dibujo de Méndez Biinga. 2 3 4 B 6 7 8