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radas, el cual era presentado á cierta distancia y con las precauciones que son de suponer á los infantes roedores para que le temieran como el diablo á la cruz. Muchos ratoncillos, al ver su aspecto agradable, exponían sus dudas respecto á la tan decantada ferocidad del felino; pero entonces Roepán les decía: ¿Veis su panza tan blanca? Pues ella es sepulcro de muchos antepasados nuestros... Entonces lOs pequeñuelos se llenaban de pavor. Cierto día de otoño, tristón y melancólico, sin sol y con una nube grisácea que entoldaba el cielo, Roepán se asomó por la ventana del desván que daba al campo y vio por ella un gañán que araba cantando, unas cogujadas que tras la reja buscaban las lombrices qUe se retorcían en las crestas de los fojos terrones, unos grises olivos agitados por el viento y unas acacias que bordeaban la cercana carretera, y que á cada zarpazo del huracán soltaban una lluvia de hojas doradas y herrumbrosas. Lo que no vio fué á Micifuz que, saltando rápidamente sobre él, lo aprisionó entre sus blancas patas. Roepán se dio por muerto, pero sacando fnérzas de flaqueza, -dijo ásuenemigo: -Mira, Micifuz, bien comprendo que puedes matarme y devorarme; sin embargo, deja obrar á tu buen sentido y escúchame... Soy, coijio bien sabes, el jefe de mi tribu. Perdóname la vida y esta nuche, obedeciendo mis órdenes, todos mis subditos acudirán aquí y podrás dar fin de los que más te gusten. Echó Micifuz sus cuentas y no le pareció mal semejante proposición, por lo cuaí dejó á Roepán en libertad haciéndole jurar antes por su honor que no faltaría á su palabra. Cuando llegó la noche el gato se tumbó en Una canal, no muy lejos del alféizar de la ventana. El viento estremecía uñas flexibles matas de jaramago. Todo lo aguantó Micifuz con una paciencia ejemplar, y todo también lo aguantó en balde, porque pasaron las horas y se levantó la aurora grisácea y hosca del seno de la noche sin que los ratones se presentaran. Lleno de cólera saltó el gato la ventana y se presentó ante los agujeros de los roedores. Al llegar á la mansión de Roepán vio ante ella, suspendido de un palito, un cartelón en el que escrito de puño y letra del astuto jefe, se leía lo siguiente: Estúpido Micifuz: Por mi orden abandonamos nuestros lares en busca de una región más tranquila. Ahora estamos flacos y desabridos para tu exquisito paladar. Si engordamos, volveremos. Én tanto medita aquel x íránqneAicQ: Más vale un pájaro en ¡amano, que ciento volando, JOSÉ A. LUENGO. -402- DÍAS hOLEMNES CONCLUSIÓN 7. Fué uhá cosa, deliciosa su primer cita amorosai 8. Gran día fué el de su unión con Mercedes Castañón. 1 p ¿5 m 1 m 9. Martes y trece ¡qué horror! y tuvo un lance de honor. 10. Va á jurar, entusiasmado, el cargo de diputado. II. Le empieza á martirizar un reuma articular. -407 12. Y el día en que de visita viene la parca maldita.