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monstruo Rafael 11 utre la que había gente que había que verla con lupa para, observar bien todos los detalles. Su hermano sufrió muchos malos ratos cuando le veía desacertado y el público chillaba ál banderillero principiante; pero en cambio, góza- I m ba extraordinariamente el día que Había motivo para tocarle las palmas. Una tarde de finales del mes de Agosto de 1889, estaba yo presenciando una corrida de toros en Linares, en la que Lagartijo y Rafael Guerra mataban seis Saltillos. Ocupábamos dos barreras un hermano mío y yo, y á nuestro lado estabari unos cordobeses con quienes Guerra conversaba mientras- banderilleaban sus peones, rio sin mirar todos los movimientos! que éstos hacían. Junto á las tablas de frente al sitio en que estábamos entró Antonio á clavar un par, y tan bien lo hizo, que los palos quedaron juntos, en lo alto del morrillo con gran aplauso de la concurrencia. ¡Vaya un par que ha puesto er nifip! -dijo Rafael- Si siempre estuviera así, qué guenó iba á ser. Y al decir esto. Te saltaba la satisfacción jppr los ojos. En cambio, 3 ios pocos días de aquéllo, pn la pláza; de Dáimiel, estu- vo Antonio desaeeKtádc) en uno de los seis toros qtie aquella tarde estoqueaba R afaeí, d e- l a vacada de Anastasio Martín, y le faltó poco para pegarle. Hermano menor de Rafael, nacido en Córdoba pocos años después que el gran torero, criado también en el matadero como éste, no sintió la vocación de torero que su hermano, y ál no ser por lo pronto que éste llegó á Ja popularidad, es muy posible, que; no fe- hubiera pasado ta l idea por la imaginación Algunos amigos le airfimaron, y tomó parte en fiestas de toros de escasa importancia. El crecimiento extraordinario de la fama de su hermano despertó en él mayores deseos y acabó por vestir el traje de luces y dedicarse de lleno al toreo. Fué ptiíitíílero de su hermano, y don: él marchó á la Habana el invierno del 8 f a l S S Después de esto figuró vanas veces en carteles de la plaza de Madrid comq banderillero á las órdenes de distintos espadas, uno de ellos Herniosilla, y acabó por ingresar de fijo con su hermano, del que no se separó ni aún en lá retirada. Como ya se ha dicho, paulatina- mente, se hizo un buen peón y muy seguro banderillero, que acabó por no hacer mal papel con la buena gente que llevaba su hermano, v entre los buenos que. hubo en su época. Con su hermano trabajó hasta el día que en Zarag, 0 a; estoqueó Rafaér su último toro. Cuando aquel gran torero se cortó la coleta, se la cortó él también, v retirado en Córdoba vive, al cuidado de la ganadería que fué de D. Anastasio Linares, DULZURAS. Anitoiilo Guerra,