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MUSA Mira cuan dulcemente se tienden bajo el cielo las floridas praderas y los valles umbríos donde la hierba brinda su suave terciopelo: mira cuan transparentes las aguas de los ríos corren, entre los campos, con fugitivo vuelo. Escucha cómo canta la nueva primavera por boca de un alegre pájaro musical que está oculto en un álamo blanco de la ribera; escucha cómo canta la divina viajera que cruza por la tierra jugosa y maternal, colmando los sembrados, los huertos, la pradera, de fruto y flor, en tanto que se aleja ligera con su invisible veste de brisa y madrigal... Divísase á lo lejos el blanco caserío, piérdese en lontananza la cinta azul del irío, bórranse los senderos en vagos horizontes culebreando ó rectos entre lejanos montes; la torre de la aldea se dibuja tranquila y acaso viene el débil murmullo de su esquila lleva la blanda brisa mil fragantes olores, al toquevespertino del Ángelus, que suena la luna ríe en todos los remansos dormidos, con un amor tan dulce, con una paz tan buena. y melodiosamente cantan los ruíáeñores. Y huele á mejorana, á tomillo, á romero; i Noche de sentimiento, de divinos dulzores, el sol se está ocultando y se enciende el lucero de la tarde, y el humo de Ir. s chozas se eleva de flor, de brisa, de honda serenidad de cielo con una resignada, vaga melancolía, donde las gemas tejen uñ luminoso veló salmo de los humildes, oración de la gleba de múltiples diamantes y leves resplandores! que busca á Dios y quiere trocarse en alegrí: Corriendo entre los claros de la verde arboleda juega la luna, como si bordase el ramaje, A la azulada sombra del fresco anochecidr y en la quietud augusta del inmenso paisaje las carretas de bueyes regresan á la aldea, las hadas de la noche hablan con voz muy queda. por entre las montanas un rebaño se otea, La enramada está inmóvil, los árboles dormido. en su cabalf adura un zagal se ha dormido. jí- el campo solitario; y en la noche estrellada Se oyen distintos ecos; el lejano ladrido sólo velan los buhos agoreros y el hada de un gran mastín que araña la valla del cercaut, que vela dulcemente por la paz de los n tdos. el son de las esquilas, la pena de un balido, A las tímidas luces del lento amanecer el cantar melancólico de un gañán que ha pasado. se esponja de rocío la serena campiña, j Oh, tarde rumorosa, dorada, fresca, pura! mientras el gallo lanza como en altiva riña Mira la alta montaña, la solitaria cumbre el clarín victorioso por que se hace temer. que crece enamorada de la azulada altura Los corrales despiertan y abren los palomares y que, á la luna, brilla con temblorosa lumbre. ¡Qué hermosa está la cumbre! ¡La cumbre es la esperanza! al aire su abanico de obedientes palomas, la brisa mañanera menea los pinares, de un más allá, el asiento más puro de la vida; corre por los sembrados, salta sobre las lomas; lejos de las miserias que el suelo humano lanza, por los atajos se oyen los primeros cantares la cumbre está soñando mayestática, erguida, de los trabajadores que van á su labor, con la altivez de un águila desde el solar mundano, apáganse las luces últimas estelares con una vida menos nnpura y dolorida, y surge el sol, fastuoso como un emperador... con el volar más alto del pensamiento humano. i Oh campos, oh propicios y dilatados lares! La noche azul arrulla los campos florecidos. ¡Oh deleite dulcísimo de nuestro augusto amor! J. ORTIZ D E P I N E D O Dibujo (3 e Regidor.