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PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA D E PARÍS MIÉRCOLES 6 DE DICIEMBRE 1- 3 oy tengo algo nuevo que decir á ustedes y, como siempre C ue esto me sucede, cojo la pluma con mucho gusto. N o hay nada que me contraríe tanto como la carencia de novedades, cuando m e pongo á charlar desde ac uí con mis lectoras de España. H a s t a las personas más commc il fcmt han aceptado las comidas en los grandes hoteles, y como consecuencia lógica, ha sido preciso crear un modelo de toilette con un cachet especial para este objeto. U n vestido que tenga dos aspectos completamente distintos: uno muy sencillo y otro suntuoso. Si se mira la parte inferior, que se escapa por debajo del abrigo, se verá una falda de terciopelo negro ó de vui color obscuro, lisa y redonda, pero no corta. Al quitarse el abrigo aparecerá una deliciosa toilette de noche. A una altura de cuarenta centímetros, desde el borde del vestido, por detrás, tiene un encaje de Venecia de medio metro de ancho, que rodea la falda en espiral, terminando en la espalda, un poquito más arriba de la cintura, desde donde vuelve, á caer, armado sobre gasa del color del terciopelo, para formar una cola que arrastre, por lo menos u n metro. I a parte superior de la falda (siguiendo la línea del encaje) unida al cuerpo, es de tissu de plata, cubierto cíe tul blanco bordado de cristal y o r o pero como la transición del terciopelo al tissu sería muy violenta, se modifica por medio de gasas superpuestas, consiguiendo tma tonalidad muy suave, desde el negro ó morado al blanco. El escote ele esta clase de vestidos no puede ser completo, y las mangas, también de tul y cristal, deben de llegar al codo. Los sombreros que se llevan con el traje de comida en restaurant, son muy grandes y un poco levantados, con objeto de rtue se vea el pelo, ior completo escondido bajo los sombreros de calle. E s indudable que los grandes favorecen más que lo s pequeños y armonizan mejor con el escote, formando un marco ideal Cjue realza los encantos de ima cara bonita y de unos ojos brillantes y expresivos, por sí solos ó por efecto del Champagne. Y la cj ue sea muy fea, ¿se embellecerá con esos sombreros? me preguntará alguien. E n t r e las lectoras de esta sección, estoy segura de cjue todas son bonitas y C ue no necesitan este consejo; pero como para todo hay recursos en la moda actual, pueden optar por los sombreros de ala grande, muy echados á la cara y levantados por detrás. De este modo, con las luces altas, proyectará tanta sombra que será difícil descubrir las facciones de la que se oculta bajo su ala protectora, y, en cambio, podrá lucir una bonita cabeza, cosa que todas podemos conseguir con auxilio de un buen peluquero. Las joyas con esta clase de toilettes es un deta- lle que conviene estudiar. Será de muy buen gusto ponerse un hilo de perlas ó un pende itif, algún broche y pendientes largos; reservando los grandes collares para los bailes ó comidas de etiqueta. Los zapatos vuelven á ser un problema difícil de resolver. Los de tissit de oro ó de plata, tan útiles, porque servían para todos los vestidos, han decaído mucho. Ahora es preciso cjue sean iguales á la tela de la parte inferior de la falda, para cjue al andar no haya un contraste que distraiga de la nota que merezca mayor atención. Los abrigos de noche son muy fáciles de confeccionar, pero inmensamente difíciles de llevar. Se reducen á una echarpe tan ancha como alta sea la señora á quien se destine, de chinchilla ó armiño, forrada de gasa blanca rizada con cabecillas, en la cual es preciso envolverse graciosamente. También puede hacerse á la inversa: de piel por dentro y gasa ó encaje por fuera. CONDESA D A R M O K V I L L E lA LA COCINA! Jl a llegado á mis oídos ima nueva extravagancia angloamericana c ue me ha hecho mucha gracia. Parece ser ciue en un Estado del Norte de América se ha fundado una sociedad para impedir cjue se casen todas las mujeres c ue no sepan guisar. E n el país de las libertades se practican las mayores tiranías. ¡Pobre muchacha, la c uc no tenga aptitudes culinarias! E n cambio, las cjue están de enhorabuena son las grandes cocineras, á las cuales la naciente sociedad ha creado un nuevo porvenir. Cuando por su avanzada edad ó por el exceso de trabajo se encuentren fatigadas para seguir al frente de una cocina, pueclen dirigir una academia práctica, en la seguridad de ciue no les faltarán discípulas. L a sociedad exige un curso teórico y otro práctico, y los exámenes para ser declarada en dis iosición de fundar un hogar, coíisisten en disponer un almuerzo, condimentar todos los platos de cj uc se componga y dirigir el servicio de ía mesa. P a r a que la sociedad tenga un carácter puramente nacional, se exige que el menú esté escrito en inglés, pero pudiera sucederlcs algo como lo c ue hace pocos días le ha ocurrido al Emperador de Alemania. Estaba invitado á un banquete y, al terminar, elogió con entusiasmo la comida, pero, dijo, es lástima que los platos no hayan tenido nombres alemanes, porque entonces me hubieran sabido todavía m e j o r U n o de los comensales, de nacionalidad francesa, no p u d o reprimirse, y repuso Señor, en ese caso, V, M. debía dar orden al jefe de la cocina imperial que se limitase á guisar conejo con ciruelas, sopa de cerveza y otros platos -123 t 567 S-