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51 AS 03 RtvisTA ILUSTRADA f NUM. 1.07 4 M A u n i n 10 DK DiriEMüRE DE l í n i EL DURO pachón enorme su sumió, encogiéndose, en las entraña? del sillón de vaqueta. El médico vino al instante y. calándole las íjafas, no hÍ 0 HK ÍS que mirarlu y certificar su f al W i miento. Como la 0 bre viuda se lamentara de lan rápido desenlace, el galeno se encaró con ella y le dijo: -Sefiora doña Tomasa no me m u d a más los d se murió, vaya si las M ATEO G a rla alarde, segundo másseómurió, á del düE de menos, día 30 de AK to del pre. sentf afio, cuando bajo una higuera terminaba de yantar. ¡Fue una cosa horrible. I Sus ojos se pusieron blancos, su frente se bañó de sudor y sus manos, crispadas, se asieron al mantel como garfios. Después el cor-