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Ctrtese por esta raye. EL TRABAJO DE UN AÑO 1 os que hacen un considerable trabajo y los, que lo ven hacer, no Se preocupan, generalmente, de ciertos cálculos y consideración nes que darían resultados estupendos. Es fácil conocer la suma de trabajo que un día puede realizar un obrero, mas no se le ha pasado por las mientes á nadie considerar la sorpresa que experimentaría si viese sumada toda la labor realizada en un año. Los que viven en las grandes ciudades están en continuo contacto con cocheros y conductores de tranvías, más ó menos aproximadamente conocen l a s horas de trabajo que tienen al día. ¡Pero en un año! Un paciente calculador asegura que vtn conductor de tranvía, en una gran ciudad, recorrerá en un año una distancia aproximada á la de la circunferencia de la tierra. Los peluqueros están bien lejos de suponer lo que representa su trabajo de un año. Tomando un justo medio cuotidiano, se encontraría á fin de año delante de una colosal cabeza y cortando el pelo subido en una escalera. Una cigarrera puede liar, próximamente, 9.000 pitillos por semana. Puestos en fila, en el término dé un año formaría un puro gigantesco de siete metros de alto. EL BIEN AJENO A fiiefza de posarse en una roca, á la orilla del mar, un gorrión con un pez de aquellas aguas trabó gran amistad. Pasábanse las horas conversando, y con tanto charlar, todas las peripecias de su vida refirió cada cual. No hay que decir si cada quisque puso un empeño especial en probar que era el medio en que vivía el que valía más. Mas vino á resultar de aquel empeño un caso singular, y fué que al proponerse que el amigo se llegara á asombrar, los dos lo consiguieron de tal suerte que su felicidad les pareció muy poco, y que la ajena les halagaba más. -i Quién pudiera- -decía el pajarillo, -saber, cual tú, nadar! ¡Cómo me encantan esas maravillas -que en los abismos hay, que ves todos los días, y yo nunca las podré contemplar! ¡Pues á mí- dijo el pez, -me encantaría poder, cual tú, volar, y ver las maravillas de la tierra que te escuché contar! Un sapo venenoso, que escuchaba, les dijo ¿Pues hay más que ayudaros los dos y así podríais conseguir vuestro afán? Tú, gorrión, cogidito d la cola del pez, podrás nadar, y tú, pez, si te subes en el cuerpo delgorrión, volarás. Más un pescador viejo dijo al punto: -N o necios, no hagáis tal. i uera del medio en que vivís, ninguno podríais respirar Ca. -387- -890-