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2 K! NOTAS TAURINAS tendidos de sombra, se hizo Ponciano un anuncio mayor que con la publicación, de un retrato en primera plana de cualquier periódico, por mucha circulación que tuviera. Tras esto toreó en Madrid, no de matador, sino para presentar el jaripeo y mangoneo de su tierra y poner banderillas á caballo, suerte lucidísima en la que ganó aplausos de todos los que lo vieron, y en la que no se sabía qué admirar más si la habilidad del jinete ó las dotes toreras del caballo que cuarteaba, sesgaba, se encerraba en tablas con el toro y esquivaba las coladas de éste haciendo salidas falsas como el más consumado banderillero. Los que vimos aquéllo no lo olvidaremos nunca. En cambio, el lazar los toros, aunque se vio con gusto, resultaba más faena de campo que espectáculo de plaza, y montar sobre un toro como rifontaba Celso González, gustó dentro de lo que eso puede gustar, si no se hace parada en los preliminares, que eran muy pesados. Con dos exhibiciones de estas, y algunas fuera de Madrid, llegó al logro de sus aspiraciones y fué tomar la alternativa en la plaza de Madrid, nada menos que de manos del gran Salvador y acompañado del inconmensurable Guerrita. De esto hablaba Frascuelo un día con el autor de estas líneas y encomiaba la valentía del espada de Méjico, aunque afirmando que desconocía casi todo lo que había que hacer con los toros. Con lo valiente que era- -decía Salvador- -si aprende en España á torear desde muchacho, se hace de oro con lo guapo que entraba á herir. Para corroborar ésto contaba que el día de la alternativa estabd uno de sus toros quedado y en defensa, sin que hubiera medio de sacarlo de las tablas. Sobre ellas dio unos muletazos Ponciano, y el toro no quería abandonar sus posiciones. Con simpático a demán dirigió la vista á Frascuelo y le dijo: -Señor Salvador: Sáqueme el toro de las tablas. E! valiente granadino contestó in mediatamente: -Señor Ponciano: Hay que entrar ahí á matarlo. Y al referirlo aquel inmenso matador, añadió: No acabé de. decírselo, cuando se arrojó sobre el toro, que no estaba para bromas, y en menos que lo pienso, metió todo el estoque hasta la empuñadura y mató á la fiera. Un poco caído quedó; pero eso no quita que entrara como no se podía entrar mejor. En efecto, fué en lo único que gustó Ponciano como torero de a pie, y por cierto que fué más atrevido que Félix Robert y no se despojó del bigote para vestir el traje de luces aquella tarde del 17 de Octubre de 1889, en la que con los dos fenómenos ya citados, lidió reses de Veragua y Orozco. 7 f l torean, y, por lo tanto, los que con esa ayudr de las empresas y públicos han teniao más ocasiones de mostrar los adelantos en su profesión. De estos de primera fila hemos visto en Madrid á Vázquez II, Celita, Dommguín, Ensebio Fuentes, Torquito, Zapaterito, Recajo, Cortijano y los debutantes Larita, Rosalito, Lecumí erri, Pastoret y Corcclito. Hay algunas esperanzas en Celita como matador de toros y en Torquito como torero en general, y aún no están esas esperanzas más que en embrión, pues los dos han de avanzar mucho en lo suyo para que se consolide el buen paladar que dejaron algunas tardes y los consideremos como legítimos aspirantes á la borla- tauromáquica. Seríamos nosotros los primeros én aplauíisr el ascenso si vemos que el año qoe viene lo ganan, y á ello están ol- ligados, porque en la época de novilleros es en la que menos debe echarse atrás el torero, si no quiere perderlo todo antes de empezar á ganarlo. Aparte estos dos, de los otros, necesitan hacer mucho los que conocíamos de años anteriores, y d e los debutantes hay algunos que están completamente equivocados. La empresa debe abrir las puertas á todo aquel del que se diga algo buencv. y así, si vienen dos ó tres qué empujen, harán á los demás que ios imiten, y de lo contrario, nos encontraremos con una pléyade de muchachos jóvenes que, antes de saber para lo que sirven los trastos del matador de tofos, conocen muchas picardías que no deben conocer. LOS N O V I L L E R O S p n estos aspirantes á matadores de toros es en los que hay que fijar la atención, mirando á lo futuro, para estudiar las condiciones de todos y ver si en alguno se encuentra al Mesías que venga y ocupe el trono vacante, ó si no al Mesías, á los apóstoles que prediquen en las plazas las buenas doctrinas. La temporada que termina ha sido en los años últimos la en que más individuos se han dedicado á estoquear novillos, pues han pasado de 300 los que con tal categoría han trabajado por esas plazas de Dios. Una vez más referimos que no somos partidarios fervientes de la teoría que afirma fueron siempre mejores los tiempos pasados; pero en, el actual momento histórico andamos mal de aspirantes á matadores de toros. No nos hemos de remontar ni siquiera al recientemente acabado siglo XIX. Cuando este exoiraba, teníamos en el plantel de novilleros á Ricardo Torres y los Rafaeles de Córdoba, que prometían lo cue luego cumplieron al cambiar de categoría. Al comenzar el actual siglo, allá por el año 1901, se llevaban la flor de las novilladas, Vicente Pastor, Gallito, Saleri, Chicuelo, Moreno de Algeciras y otros, de los que quedó algo estable y duradero, como el lector puede ver repasando la lista de los matadores de toros que hoy significan algo. A éstos sucedieron los diestros Cocherito, LagartijiUo Chico, Maszantinito, Reg aterín, Pepete, Bienvenida y otros, entre los cuales no falta quien sostenga con dignidad su buen nombre entre los espadas de gran circulación. Tras éstos apareció una verdadera avalancha de gente nueva, y entre ésta, se llevaron las novilladas Relampaguito, Martín Vázquez, Moreno de Alcalá, BombHa III y Corchaíto. De éstos también quedó algo, en que hay fundadas esperanzas. No hablamos de Gaona porque éste no toreó aquí en novilladas. Los que tomaron la alternativa de 1908 para acá tienen todos aún la pelota en el tejado, y no se ve muy claro todavía, puesto que es poco el tiempo, aunque de algltnos bien puede afirmarse que del tejado no caerá ya. Ahora tenemos, como ya se ha dicho, más de 300; pero de éstos, verdaderamente en candelero no hay más de 12 ó 14, que son los que más AL QUE MADRUGA... I os refranes castellanos son sen tencias populares y no falla ninguno, por lo que es muy verdad aquello de al que madruga. Dios le ayuda tan verdad como que el que se levanta tarde, ni oye misa ni come carne Por esta ley, que no falla, el empresario que madrugue, el que no deje para última hora la organización de sus fiestas, las podrá dar á gusto, y el que haga lo contrario se verá á última hora en la obligación de cargar con lo que le den. Lo que antes se acaba son los toros, y el que no los comprometa á tiempo tendrá que llevar mansos ó utreros, que de todo venden muchos dueños de ganadería, si se los pagan. Durante el año que termina se han corrido como toros bravos, en corridas con espadas de alternativa, más de 1.600 réses, cantidad que parece imposible puedan producirlas las ganaderías españolas; pero el hecho es exacto de toda exactitud, toda vtr.