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v v f: l íi, e? h r 4: -í I A ún no hace muchos días, el Rey acompanado del ministro de Instrucción pública del comisario regio de monumentos artísticos, señor marqués de Vega Inclán, estuvo visitando este derruido monasterio, Cjue se alza con sus góticos primores entre los arrabales de San Marcos y San Lorenzo, sobre el frondoso paseo de la Alameda, que hizo en otros tiempos proverbial el conocido adagio: De los Huertos al Parral, paraíso terrenal. Desde la Alameda conduce al Parral una empinada calle, en la c ue hace años se veían algunas cruces de piedra Cjue en la actualidad han desaparecido, quedando sólo la taza de una fuente tapizada de bonitos azulejos, empotrada en el muro de una huerta, los basamentos de aquellas cruces y el recuerdo de las leyendas que contenían, una de las cuales decía así: Cruz, remedio de mis males, grande sois, pues cupo en vos el gran pontífice Dios con cinco mil cardenales. La fundación del hermoso Monasterio del Parral, hoy en ruinas, se atribuye por unos á Enrique IV y por otros á D. Juan Pacheco, marqués de Villena, en cumplimiento de un voto ofrecido á la Virgen y relacionado con esta aventura: Acudiendo un día el nigrománuco marciués á ese sitio, para desafiarse con un elevado personaje del cpie había recibido graves ofensas, hallóse con tres rivales en vez Retablo del altar mayor.