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r OSAS D E N I Ñ O S Los niños de doña Irent, que son de lo más travieso que uso Dios en el mundo vieron un día á don Cleto, un señor que hacia poco se mudó al piso tercero de la casa en que vivian los revoltosos pequeños; y al hallarle tan rollizo, tan hermosote y tan grueso, con tanta molla en la cara y tan hinchado el pescuezo, soltaron la carcajada y- ¡Don Tocino! -dijeron, -i don Tocino! ¡don Tocino! -gritaron todos á un tiempo, bautizando de este modo al vecino del tercero. Así un día y otro día, uando el bueno de don Cleto subía las escaleras ó salía de paseo, abriendo un poco la puerta los rapaces indiscretos, ó asomados al balcón entre risas y jaleo: -i Que don Tocino ya sale! -i Que don Tocino ya ha vuelto- ¡Qué guapo está don Tocino Qué Tocinito tan fresco i Y dale con don Tocino, y vuelta con el dicterio, mientras el pobre señor, prudente siempre y discreto omo cosas de muchachos ornaba aquel piropeo. Llegó un día en que los padres de los muchachos quisieron obsequiar con un banquete al vecino del tercero, por yo no sé qué favor que de don Cleto obtuvieror y la madre en aquel día, reuniendo á los pequeños, les dijo: ¡f. Licho cuidado! ¡mucho tacto! os recomiendo que tengáis formalidad porque, si no, yo os prometo que he de daros mil azotes que os señalen bien el cuerpo Cuidadito con c ut os oiga llamar Tocino á don Cleto; el que tal palabra diga íufrirá duro escarmiento y se quedará sin postre durante un mes por lo menos Prometieron los chiquillos íer prudentes y ser buenos temiendo más por el postre que por las ma- cas del cuerpo, llegó la hora del convite y presidiendo don Cleto, se sentaron á la mesa á dar principio al almuerzo Servida que fué la sopa alió un cocido soberbio lie por su grato tufillo! aba ganas de comerlo: ozosos los comensales endos platos se sirvieron mas al notar el más chico de aquellos niños travieso; que en su plato le faltab? aquella parte del cerdo que había en todos los p a: y que á él no le ofrecieren, sabiendo como sabían que le gustaba en extremo, hizo señas á su madre, y los ojos muy abiertos, cual si quisiera comerse el rico manjar con ellos: -Mamá yo qiiero- -decía, -yo quero, mama, yo quero. Y entre angustias ser alaba i la fuente con el dedo. -Pero ¿qué quieres muchacho? -dijo la madre. -No entiendo V el rapaz, acongojado, ontestaba: -Quero de eso... -Pero ¿qué es eso? ¡Responde! -Pos... ¡un cacho de don Ciclo 1 RAFAEL S E Ñ A N T E S ü c nuestro Concurso de pucsías. I. eraa: Kugcnia