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su pueblo era el más dichoso del mundo, se preparó á conceder dones y mercedes á sus ministros, satisfecho de ellos, viendo que sus desvelos derramaban la felicidad sobre el país. Por primera vez le irritó la oposición respetuosa de su consejero privado; después de una larga conversación con él, aplazó PUS resoluciones. Nadie pudo saber lo que hablaron; pero algunas semanas después, él primer r. inistro recibió una carta autógrafa del rey, en que le decía que se ausentaba, que nadie intentara saber su paradero, prohibiendo terminantemente que á nadie se le comunicase su partida y despidiéndose hasta muy pronto... Pocos días después estaba de vuelta, pero no con la alegría de su primer regreso. Disfrazado y en la compañía de su viejo leñador, recorrió como un sencillo ciudadano sus estados... ¡Qué amargura sacó de esta segunda visita! La miseria y. el hambre le siguió en esta etapa; los pueblos se doblegaban al peso de los tributos impuestos por el Gobierno para nivelar lo gastado en las fiestas... Las gentes, andrajosamente vestidas, trabajaban con el fin de pagarlos, reservándose una pequeña parte para el miserable sustento... Unos se quejaban con amargura... Otros protestaban con ira... Los más callaban resignados... Compulsó la opinión y ni una sola boca le nombró con encono; no salieron tan bien librados sus ministros... Muchas veces oyó: Al Rey le engañan... ¡Si él lo supiera! Hay que hacer un escarmiento... Se acordó de su madre, del bosque, del pequeño cementerio de la aldea, mientras una voz interior le decía: Aprende tú... Yo no lo supe... Yo no lo vi... Vació sus arcas, envió indemnizaciones, abolió tributos, llamó á consejo á los prestigios de su patria, reunió á los hombres de más opuestas ideas y constituyó un Gobierno elegido por el pueblo en un sufragio honrado, sincero é independiente, sin color político, con patriotas que al ver el ejemplo Sel rey depusieron sus antagonismos para cumpHr su augusto deseo... ¿Queréis sajjer más? Pues no desesperéis de que Alina pueda ceñir la corona... ¿Con quién mejor compartir el trono que con la que partió con él, en aquella noche triste en que las turbas asolaban el regio palacio, su hogar, su pan y su abrigo? No busquéis en ninguna historia el reinado del rey Bebé... Aún no evtá escrito; pero no desconñéis... se escribirá. FRANCISCO B A R R A Y C O A -378- LA FRUTA DE CERCADO AJENO CONTINUACIÓN 7. Un rapazuelo muy listo le espiaba sin ser visto. 8. Al ver que duerme tranquilo se aproxima con sigilo. 9. En un cesto de badanas echa todas las manzanas. k 1 J 10. Y llena el saco en seguida con buena piedra, escogida. m- Trj V 2 r fl 12. Y queda allí el tío Cipriano roncando como un marrano. Continuará. 1 w II. Lo coloca donde estaba. y aquí no ha pasado nada. -383