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Í. Í; -M I I i! i rM f Vu íJ i V í L J- Buscaron otra oca; i; la excusa se repetía, y dijo la comisión: Mañana será otro día. Bien que sirvamos á Algar y su medro nos importe... i Pero vamos á admirar cuanto hay en la villa y corte! Y entregáronse anhelantes á tan nuevo esparcimiento los cuatro representantes del humilde Ayuntamiento. Las cosas que hay más curiosas supieron por buen conducto, y de Ir. s primeras cosas que vieron fué el Viaducto. Otro día, más despacio, San Francisco y sus altares la parada de Palacio, nuestro rio Manzanares. Otro fueron lo más lejos que es posible en los tranvía? amarillos y cangrejos le todas las Compañías. Vieron la casa de fieras, A estanque y sus vapores, salir á las cigar -eras, entrar á los senadores. La Gran Vía y sus trabajos que avanzan á maravilla; los barrios altos y bajos, las Ventas y la Bombilla. A Moncayo y á Loreto en Eslava, á Faraón, y, dicho con el respeto debido á la comisión, tanto ya se aficionaron á todos estos trajines, que de acudir no dejaron ni á uno solo de los cines. Con la cómoda ventaja, por ser viaje oficial, de pagar esto la caja... la caja municipal. Hasta que ya visto bien todo lo que hay en Madrid, regresaron en el tren al pueblo de Algar del Cid. i Cómo allí los aguardaban ansiosos y esperanzados! ¡Contaban y no acababan los tales comisionados! Pasaron días muy buenos, de inolvidable contento, y lo vieron todo... j rhenos al ministro de Fomento! VIAJE OFICIAL A MADRID El pueblo de Algar del Cid pidió un pantano al Gobierno. Mandó la instancia á Madrid y dormía el sueño eterno. Ni el alcalde del lugar ni el celoso diputado la podían despertar. El pantano... empantanado. En esta disposición, acordó el Ayuntamiento que viera una comisión al ministro de Fomento. Y el alcalde y otros tres vecinos de Algar del Cid, dieron, en un mixto- exprés con sus cuerpos en Madrid. Por primera vez llegaba aquí tan sencilla gente, y todo esto le causaba un efecto sorprendente. Los cuatro hasta el ministerio fueron á pedir audiencia, y dijo un portero serio: No recibe su excelencia. MARIANO P E R N I De nuestro Conciirso de poesías, ruerna: Cosas que pasan