Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Córtese- poresta raya. LA IQUALDAD (PBQUEÑAPÁTENTE DE INVENCIÓN 0 or las tardes, después del recreo, á la misma hora que los mayoT- res observando una de las prácticas sociales más en boga brindan á sus relaciones una taza de te, vosotros, cerca de vuestras amistades de la infancia, de los compañeros de colegio, podéis cumplir á lá ¡perfección tan exquisita regla y costumbre, invitando álos pequeños camaradasá beber; de la aromática infusión, ofreciéndoles á un tienípó la grata compañía de unas sabrosas gallétitas, que vosotros níisxñps podéis fabricar por un procedimiento sencillísimo; que no ignoráis que el te cOn galletas está muy rico y es cosa de chuparse losídeditQS y de repetir. He aquí la receta: Toniad 125 gramos de harina, 75 gramos de mantequilla de vacas, uffgraíiito de sal, para darle su punto, y una pequeña cantidad de a ¿üáV Proceded luego á hacer una pasta con la mantequilla y la harina, agregándole la sal y el agua en pequeñas dosis, hasta que la paita se endurezca con la presión de vuestras manos. Cuando la pasta esté á punto, hacer con ella una bola, y Iiiego darla forma de canutillo, empleando para ello up pequeño rodillo repiítíendo la operación varias veces, hasta conseguir que la masa alcance medio centímetro de espesor. Después ya no os queda más que dividir la pasta en pequeñas partes y, lo más agradable, comerse las galletas á los veinte ó veinticinco minutos, que estarán nyiy ricas. Y que os aproveche, 374- Pues, señor... En los tiempos en que todos los hechos de las fábulas pasaron, hubo ún loro, filósojfoprofundo, que se fuépor las selvas predicando la perfecta igualdad. Todos los bichos debían ser iguales, i qué canario I Hizo tantos prosélitos el loro, que muchos animales acordaron y juntarse en asamblea, y el principio aquel de la igualda quedó acordado. Y acordado el prinpipio, no quedaba, sino el nimio detalle de aplicarlo. Pidió la hormiga que los elefantes se redujeran luego á su tamaño, y el burro, que las aves y los peces tuvieran sus orejas y su rabo; Jos camellos pidieron igualmente que tuvieran joroba los caballos; los topos, que los linces anduvieran á tientas como ejlos, y el galápago, pidió que por sus pasos se rigiera ía carrera de liebres y de gamos pero lamás punzante fué la avispa, que insultó a las abejas, alegando que el privilegio d tener panales, con su cera y su miel, era un escándalo. La moción radical de las avispas la aplaudieron con júbilo los zánganos, y una abeja, indignada, dijo entonces: -Señores animales, he notado que los preopinantes no han pedido igualarse á lo bueno que tengamos; todas sus pretensiones se reducen á igualarnos á ellos en lo malo. La que quiera papales, que se pase la vida, cual nosotras, trabajando; que esa miel y esg cera las hacemos nosotras y á ninguno las robamos. Ya lo dijo Palacio en sú epigrama: Cuando pide igmldad un jorobado, ¿es que desea verse sin joroba, ó es que el hombre pretende jorobarnos? -371-