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juguete, y maestros, ayos é institutrices perdían la paciencia, mal contenidos por el respeto... No había forma de vestirle; los trajes de corte le abrumaban, se enredaba en el espadín cada dos pasos y el manto de cola se le hacía una madeja entre los altos tacones de sus pulidos zapatitos... Pero, sobre todo, los guantes eran su mayor tortura; le sofocaban, le entorpecían de tal modo, que no había manera de impedir que los mordiera por las puntas de los dedos, hasta que un vigoroso tirón los arrancaba de las manos. Un día de ceremonia era un día de prueba para todos... Sí, sí; ¡cualquiera le hacía estarse quieto! Y eso que todo lo conseguían de él prometiéndole que jugaría con Alina. Alina era una preciosa nenita, próximamente de su edad, hija de I K leñadores con quienes vivió el príncipe, y que no hay que decir CS cjüe con sus padres en palacio estaba á boca qué quieres Antes que separarse de ella, hubiera el rey Bebé renunciado hasta á la caza de grillos, que era sU sport favorito. Fuera de las horas en que los maestros le enseñaban á leer, los ayos á hablar en lenguas raras, los músicos á danzar y los ministros á aburrirse, en un oculto parque, donde no alcanzaban niás que ciertas miradas, Bebé corría con su compañera y, reverdeciendo los felices días del bosque, buscaban nidos, cazaban insectos y se encaramaban alas copas de los arbustos. Fueron creciendo Alina, educada con esmero y con esa maravillosa facultad que tiene la mujer de asimilarse el medio que la rodea, sé convirtió en una linda damita que empezaba á preocupar á los cortesanos, temerosos de que aquella afición del príncipe se cambiase en otro sentimiento más profundo y decisivo. No era esto sólo; él viejo leñador era para Bebé un oráculo, no daba un paso sin consultarle, y como aquella naturaleza primitiva tenía de talento intuitivo lo que le faltaba de cultura, más de una vez, con su clarividencia, inclinó la voluntad del príncipe á parte que, si fué gananciosa para el país, truncó los planes de algún ambicioso. Esto les tenía en continua zozobra, y como no había forma de hablar de separación sin que el príncipe dejase pegado á la pared con una frase ó con una mirada á quien á tanto se atrevía... una inquietud constante era el estado normal de aquella corte, siempre vencida en sus intrigas por un hombre solo, que de todos triunfaba con la más noble y sencilla de las armas: con la verdad. Tanto para alejarle temporalmente de su influencia, como por ser necesario que el rey conociera sus estados y éstos al rey, se trazó un programa de viajes y, entrada la primavera, tiempo el más propido, marchó Bebé rodeado de sus dignatarios, alta servidumbre y escolta, á tomar de presencia posesión de sus reinos... Ya estaban los árboles desnudos de hojas cuando regresó la corte á palacio. Continuará. -ñíO LA FRUTA DE CERCADO AJENO -p iMl llKlli e I. Una mañana temprano cogió un saco el tí Cipriano. 2. Salió de casa con ganas de robar unas manzanas. 3. Salta una cerca apartada y se entra en la pomarada. 4. Coge la frwta prohibid y llena el saco n seguida, Y Y Y Y Y V Y Y V 5. Carga con él al momento y se aleja muy contento. 3 6. Luego, rendido de andar, se sienta por descansar. Continuará,