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mmi ER íEKsmñ PAGINAS FEMENINAS tLV CRÓNICA DE PARÍS MlÉRCOl- Tíe R O E NOVIEMBRE I as exigencias de la vida mundana se multipli can de año en a ñ o ya no son los dias dedicados á hacer visitas los que es preciso vestirse; las Exposiciones, las tómbolas, las conferencias y los tes, nos obligan á hacer toilette diariamente. Los tailleurs habillés y los vestidos de seda con abrigo de pieles se usan indistintamente por las tardes. H a y modelos ideales, adornados de piel y jordados con soutache, que son preciosos, y á pesar de su hechura, no se parecen al trotteur de mañana. Se usará mucho también la casaca larga, que recuerda el estilo Luis X I I I y la corta por delante, con grandes faldones un poco Directorio. Me notado cierta tendencia á las notas excesivamente trancliantes, en los cuellos, solapas, carteras de las mangas y alguna vez en los chalecos, l a r a los vestidos de seda, la charmeuse, el raso de Bengala y el ottoman, serán las telas predilectas. Las faldas, un pocjuito largas en redondo, se prolongan por detrás, formando cola muy estrecha. Las formas de última moda, ó del dernier val, como se dice ahora, son tan variadas que nos dejan en libertad de modificarlas, siguiendo nuestro gusto. Veremos preciosas toilettes inspiradas en la época de 1830 á 1840, y otras con túnicas, mangas estrechas y largas y fichú cruzado, sin cjue por esto se intente abandonar el estilo Directorio, siempre favorito de las figuras esbeltas y flexibles. Pero donde la gracia femenina triunfa, es en los vestidos de noche. Ahí encuentra campo ancho para realizar sus fantasías, puesto que le está permitido amalgamar estilos y crear cuanto su imaginación la sugiera. I as personas habituadas á ver á una elegante en la calle con sencilla toilette, de líneas severas, tardaría en reconocerla por la noche, envuelta en gasas incrustadas de encajes y rodeadas de pieles, bajo el aspecto más graciosamente femenino que la cociuetería fina y distinguida puede imaginar. Este invierno veremos reaparecer en los salones los tejidos consistentes que habíamos relegado al olvido: damasco, brocatel, terciopelo y todos los que se empleaban hace cincuenta años para confeccionar mantos de corte; solos, ó combinados con otras telas más ligeras, constituirán los vestidos de baile y ceremonia. I os encajes de guipure antiguo están haciendo furor, bordeados con una guarnición de piel. L a s colas, ¿por qué no decirlo? son u n poquito ridiculas. ¡L o digo suavemen s, por si alguna de mis lectoras siente admiración hacia ellas! Pero ¿puede idearse algo menos práctico que un trozo de encaje, sin viso, arrastrando por el suelo ó dos bandas de gasa pendientes de los Vombros y cru- zadas al borde de la falda, formando la c o k? Como es lógico, no puede dejarse suelta más que en casa del modisto, porque en un salón donde haya cien personas nada más, su duración podría contarse por segundos; de modo que esas colas pn extremo frágiles ascienden al puesto que debiera ocupar una echarpe, echándolas sobre los hombros ó arrollándolas á un brazo. CONDESA D ARMONVILLE. EL CUARTO DE BEBE J m c a han ocupado un puesto tan importante como ahora esos encantadores muñequitos que constituyen la felicidad suprema del hogar. Antes era muy corriente enviar al cuarto de los niños todos los muebles deslucidos que no servían para las demás habitaciones de la casa, con lo cual se conseguía que los jiequeños se habituaran á ver reunidos varios colores completamente inarmoniosos, aferrándose á ellos y adqinriendo una idea falsa de cuanto representa arte y buen gusto. Hoy se piensa más en ellos, y se procura ir desarrollando todas sus facultades insensiblem e n t e por eso es reciso empezar la obra educativa desde c ue abren los ojos. i ara una madre modelo, no hay nada más halagador que ser ella la que despierte los primeros sentimientos de su chiquitín y la que, poco á poco, vaya iluminando su inteligencia. E n varios años de experiencia práctica, se ha convenido en cjue el mejor medio de obtener un buen resultado es decorar el cuarto de los niños después de un detenido estudio. Parece difícil y hasta fantástica la idea; pero no lo es, como verán las lectoras pacientes que lean este artículo hasta el fin. Lo primero que debe pi- ocurar e: que la habitación reúna todas las condiciones higiénicas mucha ventilación, y, á ser posible, orientada al Mediodía. Muebles, muy pocos; la cuna para dormir de día, un armario sin espejo, una mesa, la silla alta para comer y algunas bajitas, el lavabo y el b a ñ o para facilitar la limpieza, los asientos serán de rejilla y las armaduras de laca blanca. El suelo de madera lustrada cubierto con u n a lona á manera de tapiz sobre la cual pueda jugar el pequeño en plena libertad. L a s paredes y el techo, pintados de matoline, y, aquí entra la labor m a t e r n a á una altura de un metro, poco más ó menos, se colocan en la pared, todo alrededor del cuarto, bastidores con acuarelas que sirvan p a r a distraer á bebé y para educarle. ¡P e r o si yo no sé p i n t a r exclamará alguna. N o i m p o r t a no se trata de competir con los maestros, sino sencillamente de reproducir escenas que se fijen sin esfuerzo en los cerebros infantiles. P a r a facilitar tan valiente esfuerzo, aconsejo á ustedes que busquen grabados ingleses, escenas holandesas, frutas, flores, animales, etcétera, etc. con papel de parafina se calcan los contornos -4 5 6 7 8-