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gos el primogénito, y se desarrugan las cuartillas con que se apedrearon los chiquitines, y se rehace la hoja que ha rasgado la nena, y se coge la pluma, y la puerta se cierra, arrastrando fuera del despacho la ola infantil que invade los pasillos, Lulú tropieza y cae con estrépito, y llora con más estrépito todavía, y los hermanitos hacen coro, y la madre grita asustada... y se acabó el trabajo en una hora, para reanudarlo después cinco minutos, los suficientes para que Emilín casque á Luisito y vuelvan los llantos, y se acuda al padre, y el padre los coja, los alce y los baje y los lleve de nuevo al pajarito mientras hace ei perro la vaquita y toda la fauna zoológica para secar los lagrimones que ruedan raudos por los njofletes de la querida prole... -Ea, ea, ea; ya pasó, ya pasó; ¡á jugar con mamá... Y así siempre; es decir, así cuando las mariposas revolotean alegres é inquietas, cuando están buenos. Porque... hay días aciagos. Aquellos en que los angelitos, al darse un atracón de arena al paso de hacer un jardín ó de fruta verde al subir á un árbol, ó de castañas pilongas al volver del colegio, se ponen la tripa como un botijo y aparecen de pronto, alicaídos, mustios... -Este niño debe tener algunas décimas- -se oye üecir á la mamá, preocupada. Y el niño, á quien la indigestión causa más que décimas todo un poema de chinchorrerías y mañucas nos precipita primero al termómetro, luego á buscar al médico, y á veces, días más tarde, á un amigo, para herirle en el punto más vulnerable. -Chico, tengo un apuro. Ya ves; ocho visitas, con las que no contaba, y en la cuesta de Enero... Que cuando los encargos se repiten no hay gato que resista. Al primer hijo le llueven regalos: los zapatitos de crochet de la señora de Fulano, que es muy habilidosa; el juboncito de la niña de Mondoguiho; los Evangelios de los Redentoristas; el faldón, bordado, de la madrina; el vasito de Pérez, el empleado del escritorio; los billetes silenciosos y expresivos del padrino para que se compre lo que haga falta ¡una verdadera delicia! Y el chiquillo va hecho un sol, ó para comérselo según expresión de los tíos; pero esto sólo pasa con el primero; ya el segundo aprovecha la envoltura del mayorcito, ¡dejó sin usar tanta ropa! El tercero sigue poco más ó menos la misma suerte, y el cuarto ó quinto no alcanzan el estreno de una sola prenda, y van toda su infancia, y adolescencia también, para comérseles porque dan ganas de morderles las carnecitas que asoman por transparencias y rotos. Entonces es cuando los gabanes se vuelven, se tifien y se ponen de canto ¿Verdad que no ha quedado mal el arreglo? Mira qué bien le cae á Manolíto el gabán del tío Paco. Y Manolíto se mira estupefacto al espejo; se contempla cubierto de una especie de funda larga, con hombreras de soldado de Infantería, y se va radiante á la clase; pero vuelve cabizbajo y lloroso; los compañeros le han llamao Garíbaldi... Reasumiendo que diría algún académico, y para no abusar de los catecúmenos. Que el tan traído y llevado fruto de bendición, lejos de ser breva es un solemne pero Que eso de trabajar por ó con los hijos febrilmente es una calentura de 40 grados. Dibujos de Huertas. L 1 í. Que si por los niños se alcanza alguna gloria no será terrena... Que si nacen deseos de fortuna, es porque cada día hace más falta y se toca á menos... Y que si el Divino Maestro decía dejad que se acerquen á mí yo, que á nadie cedo á buen cristiano, digo lo mismo. ¡Que se acerquen... al Divino Maestro... Lo que no quita para que mis hijos me gusten mucho. MANUEL GARCÍA ROMERO H I S P A L E T O De nuestro Concur. so Lema: ¡Necesito seis duros