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r. la boca, y la cabecita en el plato de fideos cuando la víctima se ha sentado á comer -Pero, por Dios, María, llévate á estos chiquillos- -dice el esposo blandamente, ante la esperanza de un rato de sosiego. Mas como cada bendición agarra una perra de padre, madre y muy sei res míos, hay que dejarlos y hasta darles otra par chuches como dice Lulú, y resignarse á tomar el cocido con vino, el pan con agua, el agua con miguitas, y las miguitas de sus dedos, después de bien pasadas y repasadas por la naricita y la boca de cada pequeñín... i Ha llegado el instante de trabajar... Y cuando se eiictientran los libros, que ha escondido para sus jue. T EJAD que los niños se acerquen á mí exclamaba el Divino Maestro. Cada niño que llega al hogar es un fruto de bendición según expresión consagrada. ¿Qué es un matrimonio sin hijos? ¡Una flor sin aroma I- -me decia una señora valisoletana. -A mí me gustaría tener doce hijos- -afirmaba una muchacha ingenua entornando dulcemente los ojos. -Pues yo, trece; no soy supersticiosa- -añadía una bella amiguita. -Una mesa rodeada de cabecitas rubias convida á comer- -observaba un pollito imberbe. Todo lo alegran con sus juegos; todo lo llenan con sus risas; por ellos se trabaja, se vive, se crean afanes de triunfos, deseos de fortuna, de gloria, de elevar de algún modo el legado que se ha de darles, de... de... de... Y como las mujeres no me disgustaban, ni mucho menos, y no servía para calavera, y la vida de patrona me aburría, y tenía un pasar etc. etc. etc. me decidí y me casé; nos casamos, y viajamos por el extranjero, y encargamos á Paris varios niños, y i llegaron! vinieron á nuestro nido con los consiguientes intervalos los jilgueros alegres las mariposas inquietas las cabecitas rubias y rosadas como de angelitos de Murillo. Pero ¡ay! Mintieron donosamente los poetas, las amiguitas dulces, las señoras románticas... Y para aclarar varios interesantes extremos, y para evitar en lo posible dolorosas sorpresas, escribo los presentes renglones. ¡No hay aroma que valga I Los niños, desde el momento de nacer, huelen, y no á ámbar, con inusitada frecuencia. El agua de Colonia, de artículo de higiene y tocador, pasa á serlo de primera necesidad. Cuando los angelitos crecen, unos lo piden y otros no; pero á todos les gusta hacer charquitos, estropeando alfombras y cordelillos. Los pantalones de tonos claros y las faldas de colores suaves de las visitas, suelen ser medio sumamente á propósito para el desarrollo de su política hidráulica ¡No hay ilusión para el trabajo! Es más; el trabajo en el hogar es un mito... Llega el padre á su casa, y los niños, como el papá no molesta con lavativitas, ni con que se tome una cucharada más de fosfatina, ni con que se dejen sacar el moquito están empadrados Y... ¡se ha caído el autor de sus días! Porque cuando torna al hogar, rendido de fatiga, tiene que coger á Luisito, á Emilín, á Liilú, á los que sean, y alzarlos en repetidas flexiones, y jugar al escondite con ellos, y llevarlos á ver el pipí y hacer de caballito con los mayores, y dejar que el pequcñín le despeine y le meta un dedito por un ojo, y la mano en J V. í í ¿tí 4? y V f 4 V Si. 4 m