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¡Cómo desembarcan... cómo desembarcan esas pobres gentes... Desde la escalera de la nave todo Nueva York abarcan de un vistazo: muelles, río, casas, puentes... T después que todos sus cinco sentidos ponen asombrados en ver la ciudad, como agradecidos, miran á la estatua de la Libertad. ¡Ella es la Madona, ella es la Madona que de la Siberia saca á los esclavos, que á. los regicidas la vida perdona, y que salva á, muchos de contribuyentes, pobres, per seguidos, subditos y esclavos. ¡Ella es la Madona que á la Maffla absuelve cada en capillado que rompe en sollozos, ella es la Madona que liberta á rnuchos de una vida cruel; ella es la Madona que horada los muros de los. cala bozos; ella es la Madona que hace más milagros que las que en Italia pinto Kafael... ¡Ella es la Madona que alumbra el camino de los quejumbrosos barcos que aquí llegan de parias ella es la Madona que alumbra el destino cargados; de los desgraciados! ¡Todos la contemplan reverentemente mudos y per ple: os; parece que rezan porque esta Madona los trajo á una, nueva Tierra Prometida; y el sol que a, á hundirse, quiebra en la farola que la estatua empuña vividos reflejos, como si quisiera que antes de la noche quedara encenNinguno, ninguno de vista la pierde, dida! ni pierde ninguno los libertadores norteamericanos ca yos que el sol lanza y todos confían, porque á. la Madona la pátina viste color de esperanza... con un manto verde, De los camarotes, que son sus panales, salen los pros eriptos en humano enjambre; todos vienen tristes, pero al pisar tierra libre, todos ponen cara de alegría; sienten que han nacido de nuevo, al salvarse del cuar tel, la peste, la guerra y el hambre; ¡tal vez en Mont Verñont, en este momento, dentro de su tumba, Washington sonría... ¡Pobres inmigrantes... Buscando su estrella, ven ano nadados que, en lugar de un cielo con estrellas, brindan éstas playas dos: ¡el de la bandera, donde han puesto estrella todos los Estados; y el de las alturas, donde á los Estados puso estrellas ¡Pobres inmigrantes... ¡Vienen de Siberia, Dios! vienen de Messina, vienen de Edimburgo... huelen á ceniza, huelen á miseria, huelen á prisiones de San Petersburgo... ¡Qué esquiva es la cara que mirando á Europa ponen los polacos... ¡Es que están creyendo que, siguiendo el rastro que vienen los cosacos... dejó la popa, ¡Qué trágicos ojos tiene y qué ademanes esa siciliana del cabello rubio... Su pecho es Italia; tiene dos volcanes, el uno es el Etna y el otro el Vesubio! ¡Pobres inmigrantes... Muchos de ellos tienen cara de temibles revolucionarios; pero en la Bahía de las Libertades, viendo á la Mado na, muéstranse sumisos, y piensan que sean los araña cielos muy hospitala rios, como si dijeran: Para algo estas casas tienen tantos pisoi 5... TuLio SESTO. Nueva Tori-