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r f. -jr, t T í fc. m, lífc- EL CORDERO C E acuerda usted de aquel cordero de la fábula de Samanieo o que se las juraba al señor lobo, viéndose encerradito y bien seguro en su cabana? -Sí que me acuerdo. Y le declaro á usted que siempre me ha molestado la moraleja del fabulista... i Qué necesidad tenía de ofender á un animalíto tan inocente y simpático, llamándole cobarde y fanfarrón? i Bien pudo escoger otro ejemplar cualquiera! ¿Qué más da... ¿Dejaría de haber un ofendido, ¿O es que usted tiene por el cordero especial ¡jredilección? -Hombre, no; es que me parece injusta esa dureza. Cobarde, bien, puesto que lo es; ¡pero fanfarrón... ¡Tiene gracia semejante escrúpulo... Usted no se fija en que al llamarle cobarde también le ofende, puesto que le aplica usted el concepto que tenemos los hombres de la cobardía; y ya sabe usted que no deja de ser- ofensivo... Por eso me resulta gracioso que se indigne usted con un adjetivo y le coloque el otro con toda tranquilidad. -Bueno, pero ¿se puede saber por qué me ha preguntado usted si me acuerdo del cordero de la fábula? -Precisamente para decirle que debemos protestar de ambos adjetivos; entiéndalo usted bien; de los dos... Estamos conformes en que no es fanfarrón, ni mucho menos; pero usted sigue creyendo que es cobarde, y tiene usted que convencerse de lo contrario... Más justo sería llamarle valiente, puesto que disfruta de esa valentía que da la juventud. Contentémonos con llamarle joven, y en esa palabra mágica le concederemos todas las virtudes... Yo le he sto correr, aventurarse lejos del rebano, saltar, jugar con los compañeros y retozar con los mayores y hasta con el perro del pastor, sin miedo á nada ni i nadie. ¿Por qué voy á seguir la rutina llamándole cobarde... Claro es que no se atreve á desafiar á un toro, ni á embestir á un león, ni siquiera hace frente en actitud ofensiva al hombre que le lleva al matadero pero es porque carece de las armas precisas para el caso. No se las ha dado la Naturaleza... -La sabia Naturaleza... -Perdone usted... ¡Que el cordero no la llamará así... ¡La Naturaleza ha dejado sin defensa á los anímales más sabrosos; para que el hombre se apodere de ellos sin peligro y se los coma! ¡Eso es lo que no sabemos! -i Cómo que no, amigo mío, si lo estamos viendo á cada instante? -Quiero decir que acaso los animales que no podemos atrapar, porque nos causan miedo, sean los que tengan más substanciosas y nutritivas carnes... i Digamos mejor que el hombre sólo se apodera de los que no pueden defenderse ¡Es posible... Y además de aprovecharse de ellos, los insulta y menosprecia en público... ¡Esto es lo que hace con el cordero... En vez de estimarle porque no tiene garras como el águila, ni veneno como la víbora, ni trompa como el elefante, se mofa de su actitud modesta y le llama cobarde... ¡Cobarde... ¿Se lo cree el hombre, y eso que se asusta hasta de una araña, y en cuanto la ve procura darle muerte para quedar tranquilo? ¡En eso estoy conforme con usted! ¿Y en lo otro no? ¿No le han convencido á usted mis razones? -Es que, después de todo, ¿qué importa un adjetivo demás ó de menos, si no hemos de salvar á ese pobre animalito de su triste fin? -Pero á mí me gusta darle á cada cual el nombre que se merece... -Pues á mí, como más me gusta el cordero... ¡es con patatas! GIL PARRADO.