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I? l? lUcJER EieHS? T sita del te, susceptible de todo género de caprichos, que demuestren el buen gusto 3 los refinamientos de detalles de su dueña. P o r ejemplo, la mesa que yo -á tratar de describir creo que satisfará aun á los más exigentes. Su aspecto es un poco chinesco, por los mucho. aepartamentos de que se compone, distribuidos sin la más ligera regla de simetría. E n el centro tiene el sitio reservado á las golosinas, en forma ovalada, con una bola de cristal en medio, sujeta por u n aro de bronce, destinada á colocar flores; á la izquierda, un piso más abajo, tiene el compartimiento para las tazas, y á la derecha, como en una segunda mesita, el hueco para la tetera, la jarrita y el azucarero; y más arriba, en un tercer piso, pero no encima del segundo, otro departamento para la bouüloire, en forma ue al inclinarle caiga el agua sobre la tetera. El último detalle: del cuerpo central, tirando de unas cabezas de bronce, salen por ambos lados dos tablas suplementarias donde dejar las tazas para no tenerlas en la mano mientras se toma el te. acuática muy bonita. Colocadas las flores sobre hojas artificiales, con cierta gracia, evitando la simetría, hacen un efecto tan bonito como cuando las admiramos en los estanques. E n una tienda de objetos de escritorio de las reconocidas por su buen gusto, me han enseñado una novedad que algunas elegantes han lanzado á la circulación. En lugar de timbrar el papel de escribir con iniciales, monograma, escudo de armas ó lema, se timbra con una violeta, una rosa ó una ramita de la flor predilecta, siempre la misma, con el único objeto de demostrar su gusto personal y facilitar á sus amigos y admiradores el medio de ser oportunos cuando deseen regalarla algo muy de su agrado. El papel les indicará la flor, el color y el perfume elegido para imprimir, en cuanto las rodee cierto cachet original. L a gracia consiste en adoptar una flor cuya planta sea imposible encontrar en Europa, y de esta manera vuestros adoradores podrán probar hasta donde llega su amor. 1 f na de las cosas que, como curiosidad, traen todas las personas que viajan por América del Sur, son huevos de avestruz. No aconsejo á naclie que los traiga en cámara frigorífica, con O1 Jjeto de servirlos en un almuerzo, pues me han referido que una señora tuvo este extravagante capricho, del cual guardan todos sus comensales un triste recuerdo; pero sí para vaciarlos y montar el cascarón en bronce, del modo siguiente: de este m e t a l primorosamente trabajado s e hace un avestruz, cuyo cuerpo lo forma el huevo; un fle- xible eléctrico se introduce por una de las patas, atraviesa el cascarón y, pasando por el cuello, viene á parar al pico abierto del animal, recordando al dragón de la fábula que echaba llamas por la boca. DE T I E N D A S TkTada resulta tan bonito como im espejo para centro de la mesa del comedor. N o digo nada nuevo al asegurar que los hay preciosos, con marco de plata, redondos ovalados y de todos tamaños, ó sencillamente la luna biselada. T a m poco será difícil procurarse mil monerías para adornarlo; grupos de Saxe, pescaditos de porcelana danesa y muchas cosas m á s pero lo que quizá no Sopan mis lectoras, es que la última palabra de la moda son las flores de nenúfar, de porcelana blanca con la semilla amarilla. E s una planta MUEBLES MODERNOS Mobiliario elegante, sencillo y practico para una habitasión de soltera.