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3 a mmí En memn H PAGINAS FEMENINAS MIÉRCOLES 1- DE NOVIEMBRE CRÓNICA DE PARÍS r orno todo ha cambiado, nuestras costumbres han sufrido grandes modificaciones, y, como resultado de éstas, la toilette de mañana viene á ser una de las más importantes. Antes se decia: E s t e vestido, que está un poco fané, ó demodé, le dedico para ir á misa y salir por la m a ñ a n a ahora se dice: H o y no me visto, porque voy á salir al anochecer. L a s elegantes cuidan extraordinariamente el vestido que ellas llaman mon petit trotteur y que debe de ser muy sencillo, práctico, cómodo, y, en una palabra, adecuado al ejercicio diario que la corriente moderna exige, invocando la higiene, bajo cuya bandera nace y se desarrolla la afición á toda clase de sports. Pueden adoptarse varios modelos, pero yo me permito aconsejar á las amables lectoras c ue piden mi opinión, que opten por las hechuras más de sastre, huyendo de cualquier detalle que delate la mano de la modista. Las faldas cortas, sin exageración ni estrecheces, y los gabanes un poquito más largos y menos flojos que los del año último. Los jabots, de un bonito efecto cuando no se traspasan los límites del buen gusto, empiezan á decaer, por haberse generalizado entre todas las clases sociales; especialmente los de batista, ya no pueden usarse. Como adorno predilecto, la guarnición de piel, y en cuanto á géneros, el de última moda se llama agaric. E s una tela gorda, que recuerda el tejido de las servilletas de hilo ordinario. Tiene dos ventajas insubstituibles sobre las demás telas de lana: Cjue no pesa, que abriga mucho y que es muy de invierno. L a veremos de todos colores y además en seda, mezclado con hilillo de oro, plata ó acero, para los abrigos de noche. L a ratine y el terciopelo de lana hacen furor, sobre todo el último, que tiene distintos aspectos, según sea su dibujo: á cuadros, rayado ó con lunares. L a s echarpes y los manguitos indicados para esta clase de toilettes son los de combinación; por ejemplo, nutria guarnecida de skimgs, asírakán y renard etc. etc. El bolsillo, plano, no muy grande y con cordones, puede ser también de piel, como la echarpe y el manguito. Este es un detalle muy chic y completamente nuevo. Los guantes de mañana tienen que ser, fíjense ustedes que digo tienen, porque es un punto sobre el cual no cabe la más ligera d u d a tienen cjue ser de saxe ó de gamo gris. Algunas personas prefieren los guantes flexibles y finos de piel de rengífero, pero incurren en un desacierto imperdonable. Los velos, cada día más espesos, de encaje point de París, ó de Chantilly. Protegen la cara de la brisa matutina, algunas veces demasiado sutil. Aviadas de esta manera, las más esclavas de su belleza pueden afrontar los encantos del saludable footing. Los tailleurs de ratine están á la orden del d í a es el género predilecto de las señoras; su aspecto caliente conforta á los que lo ven más que á imo mismo. Al contrario de lo que sucede con los vestidos de cachemir, r ue al verlos se nos figura que la que lo lleva debe de estar helada. También tenemos los grandes abrigos de batalla, deliciosos por todos estilos. Largos, amplios, con muchos bolsillos, cuello muy alto, que cuando el tiempo lo exija cubre las orejas, y que sirve para salir temprano, como impermeable si llueve y como abrigo de noche para salir á los teatros de segundo orden en los días que no son de moda y qu- se va con el solo objeto de ver una pieza. CONDESA D A R M O N V I L L E EL CUARTO D E L T E -1 asta que llegue la época de que las personas que bullen en sociedad fijen un día para recibir á sus amigos, las muchachas, siempre deseosas de ver gente y de que las vean, han decidido reunirse en cualquiera de los sitios donde mejor se sirve el te, para lucir las primeras toilettes de invierno. Ellas protestan, alegando cj ue si van al hotel X ó la repostería N es por tomar los deliciosos pasteles y las golosinas que sólo allí se encuentran. Cualquiera, por poco observador que sea, comprenderá la inexactitud de esta afirmación, viendo que la mayoría de aquellas encantadoras muchachas casi nunca prueban las diferentes tartclcttes que tienen sobre la mesa. El aliciente de ver y ser visto es muy efímero; la frivolidad en que se basa le hace transformarse en aburrimiento al cabo de unos d í a s en cambio, lo que cada vez tiene mayor encanto y no cansa nunca es tomar el te en casa, ó, mejor dicho, en su cuarto, en aquel gabinete, testigo mudo de todos los sentimientos sinceros, donde nunca es preciso recurrir á la sonrisa, bajo la cual el mundo exige que se oculten lágrimas; ni hay C ue disimular la turbulenta alegría cuando el corazón salta de contento. L a hora del te en aquel cuartito ¡pequeño, lejos de los grandes y ceremoniosos salones, y rodeada de algunas personas íntimas, tiene un atractivo inexplicable; pero es preciso C ue el conjunto de la habitación tenga cierto cac ií? í particular, que borre en absoluto de la imaginación la idea del mueblista. E s indispensable huir de los estilos, en ocasiones muy antipáticos, y reducirse á formar un conjunto de muebles confortables, que por su propia heterogeneidad resulten armónicos entre sí. El mueblecito de escribir, cerca de la butaca de lectura y del armario de libros; el piano, sobre el cual vemos, en artístico desorden, xm cacharro con flores, un bonito retrato encerrado en marco de piel y varios cuadernos de música. En otro rincón, en el de las confidencias, habrá un sofá y varias butacas, con muchos almohadones (los considero indispensables para estar cómodo) y la me-