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Kf V- í MUERTO EN VIDA (M E M O R I A S DE UN E S T U D I A N T E) En una y otra orilla del Betis demostré mi negra honrilla pues era ya, desde mi edad temprana, el peor estudiante de Sevilla y el mejor noviUero de Triana. Recuerdo en este instante y os voy á referir cierta aventura que fué la más famosa travesura de mis famosos tiempos de estudiante. Siempre las Matemáticas me fueron, ¡vive Dios! tan antipáticas, que, á pesar de mis buenas intenciones, cada vez qtie estudiar me proponía alguna proporción, más proporciones tomaba mi fatal antipatía y aunque el buen catedrático (que también llegó á hacérseme antipático) ya con súplicas, ya con amenazas, quería que yo fuese matemático... tuvo, por fin, que darme calabazas. Entonces fué cuando el temor tardío de los justos enojos paternales hizo brotar en el cerebro mío una de esas ideas infernales... i y eché á correr en dirección al río! Pero no os asustéis, pues no era mi intención morir ahogado; ya veréis, lectores, ya veréis que resulté más bien un desahogado Como accesorios de mi plan sencillo, compré una gorra y una americana en cierto baratillo que había junto al Puente de Triana: con aquel equipaje me dirigí del río á la ribera, y, oculto entre el ramaje, cambié con tanta rapidez de traje cual si imitar á Frégolí quisiera; colgué mi americana y mi sombrero del arbusto más próximo al sendero (para que no faltase quien los viera) dejando en un bolsillo mi cartera, donde escribí con lápiz esta nota, que mi plan maquiavélico denota: Señor juez de instrucción. Muy señor mío Estoy cansado de mi triste suerte; Dibujo de Regidor. t i voy á tirarme de cabeza al río; que no se culpe á nadie de mi muerte. Y con mi nueva ropa disfrazado, me alejé de aquel sitio, tan ligero y tan emocionado como el autor de un crimen verdadero. La Prensa, al otro día, anunció, como yo me suponía, mi supuesto suicidio, y... ¡oh, lectores! ahora lamento todos mis errores; pero entonces, entonces me reía al leer los comentarios que hacían de mi muerte los diarios; y mientras todo el mundo me creía allá en el fondo de la tumba helada (porque el agua del Betis es muy fría) yo, tan tranquilo, tan feliz vivía en una habitación de una posada! Mas cuando, a! fin, se me acabó el din me echó de la posada el posadero, y después de pasar hambre sin tasa durante un mes entero, volví, cual hijo pródigo, á rni casa. Renuncio á describiros aquella escena; bastará deciros que su solo recuerdo me horroriza; hubo gritos, desmayos y carreras... i y me pegó mi padre tal paliza que estuve á punto de morir de veras! JUAN SABINO BARROSO. Í J De nuestro Concurso. T. cran: Kecuerdos del tiempo viejo.