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ESCENA QUINTA MONIGOTE ROJO. ¡Ay, señoras mías! MAMA DE CARTÓN. ¿Qué pasa? MONIGOTE ROJO. -Vengo horrorizado; vengo que MUÑEQÜIÍA DE CHINA. ¿Te han hecho sufrir! ¿Quién te ha hecho sufrir? MUÑEQUITO DE BARRO. -Nadie y todos; la vida. He uo me llega la camisa al cuerpo. MAMA DE CARTÓN. ¿Pero qué ocurre? MONIGOTE ROJO. -Que á dos pasos de aquí, en esta luchado con los hombres, he luchado con la fortuna, con los fantasmas de la fatalidad... Sin armas para triunfar de pronto, sólo una fuerza me sostenía: la fe en el porvenir, la esperanza... MUÑEQUITA MUÑEQUITO MUÑEQUITA MUÑEQUITO DE CHINA. ¡Y has triunfado! DE BARRO. -De todos mis enemigos. DE CHINA. ¿Enemigos? DE BARRO. Mis rencores, mis odios se misma calle, han dado muerte a un polichinela. MAMA DE CARTÓN. ¡Jesús! MUÑEQUITA DE C H I N A Qué horror! ¿Pues qué ha sucedido? MONIGOTE ROJO. -Todavía no se sabe á punto fijo; pero parece ser que el difunto burlado había gravemente el honor de cierta honesta doncella, y su padre se ha tomado por su mano la justicia. MAMA DE CARTÓN. ¡Dios mío! ¿Y quién era él, se han hecho risa triunfal que ha caído sobre todos para humillarlos, para aplastarlos! MUÑEQUITA DE CHINA. ¿Tienes odios, rencores? No, di que no los tienes... MUÑEQUITO DE BARRO. -La lucha nos hace malos... sabe? MONIGOTE ROJO. -Se llamaba, dicen. Muñeco de porcelana. MUÑEQUITA DE CHINA. ¡Muñeco de porcelana! MAMA DE CARTÓN. -Ya ves, ya ves adonde ha ido á parar tu antiguo galanteador. ¡A h! ¡Si no hay en este mundo maldad que no se castigue! MONIGOTE ROJO. -Cierto. Aquí ó fuera de aquí, todo se paga. ¿Queréis, señora, venir en socorro de la víctima? Precisa trasladar el cuerpo, procurarle cómoda sepultura en holgada, caja de cartón. MAMA DE CARTON. -Sí. La piedad ante todo. ¡Pobre Muñeco de porcelana, roto para siempre! MONIGOTE ROJO. -Para siempre. Está, el pobre hecho trizas. No hay manos capaces de componer los alisaros restos. ESCENA ÚLTIMA MUÑEQUITA DE CHINA. ¿Quién llega? Recuérda- Se tienen odios, se tienen rencores, se, sueña con venganzas futuras, porque nos atan los brazos para que no luchemos, porque nos merman la vida y nos pisan el alma. Yo he tenido odios y rencores y he soñado con venganzas futuras porque he subido mi calvario como un Nazareno. Pero allá, muy en el fondo del alma, palpita, sin embargo, algo que es bueno y que me inspiraron tus ojos. Desde mi calvario, muchas veces me he acordado de ti... Y aquel recuerdo, que llegaba puro al alma, mensajero de amor, ¡cuántas ideas negras, cuántas tentaciones terribles me quitaba! Odiaba y maldecía porque era pobre y me humillaban por serlo; porque me arrebataron tu amor, porque me disputaban el derecho á la vida y á la felicidad... Pero ya se han fundido en piedad todos mis rencores; ya todo lo perdono. MUÑEQUITA DE CHINA. -Perdona, si; que no enve- nene tu dicha ningún mal pensamiento, ningún odio... MUÑEQUITO DE BARRO. -Tengo una hermosa discul- me á Muñequito de barro... ¿Será éste Müñequito de barro? MUÑEQUITO DE BARRO. (Que llega humilde y do- liente. Dios te guarde, señora. MUÑEQUITA DÉ CHINA. ¿Eres tú, Muñequito de pa en mis odios. No fué mi lucha necia ambición mundana; fué necesidad. Nació del sacrificio, creció y alentó en él; y así llegó á la cumbre: con un hijo de la desgracia. No luchaba por mi mismo, luchaba por ti, por tu amor, por esa mujer sin nombre que esperamos los buenos. MUÑEQUITA DE CHINA. ¿Por qué te fuiste? ¿Por barro? MUÑEQUITO DE BARRO. -Que viene de muy lejos, qué tu amor no volvió á buscarme en seguida? MUÑEQUITO DE BARRO. -Aquí me ahogaba, aquí me espués de mucho tiempo, á implorar tu piedad. MUÑEQUITA DE CHINA. ¿Mi piedad? Poco sería arte. MUÑEQUITO DE BARRO. ¿Qué dices? MUÑEQUITA DE CHINA. -Que algo más que piedad va desde mi alma á la tuya; que he estado esperándote, sin saber que era á ti á quien esperaba; que me duele todavía el arrepentimiento de haberte hecho ufrir, de haberte dejado marchar... ¡Habíame, dime ue me perdonas, de dónde vienes y adonde quieres ue vayamos juntos para siempre! MUÑEQUITO DE BARRO. ¡Gh, amor mío! Me parece moría... Tenía el alma presa en el cuerpo, soñando con alturas como un pájaro altivo, con ansias grandes de volar y sentirse libre... Voló, por fin, luchó, ganó el tesoro que buscaba y á su pedazo de tierra querida retorna... ¡Vengo de muy lejos á buscar en tus brazos el premio de mi lucha! MUÑEQUITA DE CHINA. ¡Aquí lo tienes! (Le abraza llorando. MUÑEQUITO DE BARRO. -Dios bendiga esas lágri- oírte como á través de un sueño... i Qué bien me suena tu voz! MUÑEQUITA DE CHINA. -Cuéntame, dime, ¿no es- tás enfermo? Tienes triste la cara, los ojos... MUÑEQUITO DE BARRO. -Vuelvo á ti un poco can- sado... mas que ablandan la arcilla que yo antes juzgué dura y fría... Llora, amor mío, llora... Goza la felicidad que hay entre las lágrimas... Ya vives, ya te das cuenta de la vida, ya eres de barro como yo, de barro humano, de carne, de ese barro con que Dios nos hizo á todos y que sólo da fe de su existencia cuando se ablanda y llora porque siente, porque sueña, porque ama... J. ORTIZ D E P I N E D O Dibujo de Méndez Bringa,