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ESCENA PRIMERA MAMA DE CARTÓN. -Esposo mío: creo llegado el momento de que casemos á nuestra hija. Pero ¿con quién la casaremos? Dime lo que piensas. PAPA DE TRAPO. ¡Cuestión difícil! Eso hay que de la lumbre más pura de las estrellas; y todo ello, sedas, preseas, palacios, maravilla de los sentidos, deleite sin fatiga, felicidad sin medida habrá de parecerte. MUÑEQUITA DE CHINA. ¡Oh! ¡Cuánta hermosu- meditarlo mucho... Se trata de la felicidad de nuestra hija. Y entre tantos muñecos como existen en el mundo, es difícil encontrar uno á gusto. Mira... Muñequito de barro no me disgusta. Es juicioso, bueno, trabajador... MAMA DE CARTÓN. ¡Quita, por Dios! ¡Muñequito de barro! ¡Un muñeco sin dos pesetas ni por donde le vengan! ¿Pero estás loco? Para que nuestra hija se muera de hambre... ¡Mira que la idea! Bien se conoce que eres de trapo y estás relleno de serrín. ¡No se te ocurre nada! La casaremos con un muñeco rico, quiera ó no quiera. PAPA DE TRAPO. -Eso, para que sea desgraciada si no le quiere. ¡Qué egoísta eres! j Bien se conoce que eres de cartón y estás hueca! MAMA DE CARTÓN. ¿Conque egoísta? (Propinándole tina tanda de golpes. ¡Pues toma... toma... toma... toma... ¡Para que aprendas á no faltarme al respeto! ¡Cabeza de chorlito! (Herido por los golpes, á PAPA DE TRAPO se le sale un poeo de serrín de la cabeza. ESCENA SEGUNDA MUÑEQUITA DE CHINA. -Es inútil que me hagas el ra! ¡Cuánta felicidad! ¿Y dices que todo eso será para mi? MUÑECO DE PORCELANA. -Ya es tuyo. Por tu amor, pequeños y livianos parécenme mis tesoros y frente á tu hermosura palidece la de ellos. ¡Tú si que eres joya, tú sí que eres seda, tú sí que eres maravilla y felicidad de los sentidos! MUÑEQUITA DE CHINA. ¡Oh, mi amor! Tú me traes el sueño que juzgaba imposible; tú, mi príncipe, que vienes á matar el desencanto de la mezquina realidad que vivo con la varita de oro de tu riqueza. ¡Cuánto voy á amarte! MUÑECO DE PORCEL. -VNA. ¡Hermosa mía! (La con- templa arrobado. E L LORO. ¡Qué bien miente ese bellaco! ¡Cuan lindamente ha sabido engañar á la niña! A ver, usted, señor tramoyista, haga el favor de bajar el telón para que este caballerito no siga burlando la credulidad de esta criatura inocente. Así, muy bien... (El telón desciende y aquí termina la primera parte de la pequeña farsa. ESCENA CUARTA MUÑEQUITA DE CHINA. ¡Ay, de mí! amor... Yo no te quiero á ti porque eres muy feo y estás hecho de barro... y eso es muy poco para mí. MUÑEQUITO DE BARRO. -Piensa, querida niña, que de barro nos hizo Dios á todos. MUÑEQUITA DE CHINA. (OrguUosameníe. No; PAPA DE TRAPO. ¿Por qué suspiras, hija? MAMA DE CARTÓN. ¿Por qué ha de suspirar... á mí me hizo de China! MUÑEQUITO DE BARRO. -Y por eso eres dura, y fría, y nada te conmueve... MUÑEQUITA DE CHINA. ¿Sabes lo que te digo, lo más que puedo decirte? Que hoy por hoy no me convienes, porque eres pobre, aunque sabes querer y decir cosas bonitas; pero si consigues hacerte rico en poco tiempo... entonces seré tuya. UN LORO AUTENTICO. Preíejífi? en la escena. ¡Qué talento tiene esta chica! MUÑECO DE PORCELANA. (Entrando. ¡Vive Dios! ¿Cómo se atreve Muñequito de barro á galantear á tan alta dama? ¡Yo sabré castigar tu osadía, vive el cielo i (Desenvaina su espada de tnadera y le asesta una serie de cintarazos que él, inerme y débil, no puede evitar. E L LORO. (Riendo. ¡Te has lucido, Muñequito de barro! i Anda, para que vuelvas á hacer el amor! MUÑEQUITA DE CHINA. (Prendándose de MUÑE- Porque el bribón de Muñeco de porcelana la burló descaradamente, y nuestra pobre hija no va á encontrar con quien casarse. PAPA DE TR. PO. -Vosotras tenéis la culpa. Siempre os dije que no fiarais en los tesoros de aquel mozalbete, pero sois tan dadas á fantasías... MAMA DE CARTÓN. -No eran fantasías. Realidades eran según el galán. PAPA DE TRAPO. ¿Y qué galán, por torpe que sea y poco decidor, no promete el oro y el moro á la dama de sus pensamientos? Sobre que en la imaginación de los enamorados, como en la de los poetas, caben todos los tesoros del mundo, y ellos mismos, al proceder algunas veces, no se dan cuenta de que son imaginados. MAMA DE CARTÓN. -Ello es que el burlador se fué y nuestra hija se quedó burlada. Aunque transcurrieron tres años, mírala todavía suspirosa. No más suspires, hija mía. Otro vendrá que mienta menos y haga más. MUÑEQUITA DE CHINA. -No suspiro por él, madre. MAMA DE CARTÓN. ¿Por quién, entonces? MUÑEQUITA DE CHINA. -Qué sé yo... No sé si por CO DE PORCELANA. ¡Qué bravo... ¡Qué valiente... i Qué guapo... EL LORO. (Viendo alejarse á MUÑEQUITO DE BA- RRO, humillado y triste. ¡Pobre Muñequito de barro! ESCENA TERCERA MUÑECO DE PORCELANA. -Ya has visto lo que he hecho por tus bellos ojos... Vengo á implorar, como premio, una sonrisa tuya. MUÑEQUITA DE CHINA. -Todas mis sonrisas son el que no volverá nunca ó por el que jamás llegará... PAPA DE TR. VPO. -Bah, bah, sensiblerías... Ganas de perder el tiempo... (Se va, sin hacer caso de su hija. MkMK DE CARTÓN. -Tu padre no reza con estas cosas... No cree más que en lo que palpa. Dime tú... ¿Qué sientes? ¿Te acuerdas de algún otro enamorado que te rondara? MUÑEQUITA DE CHINA. -No sé, tal vez... MAMA DE CARTÓN. ¿De quién? MUÑEQUITA DE CHINA. -No sé de quién... Del que ya para ti. MUÑECO DE PORCELANA. (Arrodillándose. Oh, ventura! ¡Soy el muñeco más feliz de este mundo! MUÑEQUITA DE CHINA. ¡Y el más guapo! MUÑECO DE PORCELANA. -Y á tu gentileza acudo para que te dignes conceder á mis padres la mano que para mí pedirán á los tuyos. MUÑEQUITA DE CHINA. ¿Quién eres? MUÑECO DE PORCEL. -VNA. -De mi figura nada he de me hablase sin mentir, sintiendo lo que me decía, que algunos me hablaron de ese modo. Tal vez Muñequito de barro... ¿Te acuerdas de Muñequito de barro? MAMA DE CARTÓN. -Sí. ¿Qué habrá sido de él? Era tan bueno, tan humilde... ¿Por qué le despreciaste? MUÑEQUITA DE CHINA. -Entonces era yo ambicio- encomiarte; á- la vista está. De mi condición, te diré que soy rico, que poseo inmensos tesoros que para mí extrajeron del fondo del mar y las entrañas de la tierra, palacios sin cuento, dominios fastuosos, un ejército de músicos y pajes á mi servicio, sedas tan delicadas que no podrá percibir tu cuerpo, piedras tan luminosas que en torno de tus cabellos y tu garganta, en tu pecho y en tus manos, envidia serán sa de lo que Muñeco de porcelana me prometía. Después he aprendido á ambicionar cosas más ciertas, más sinceras. MAMA DE CARTÓN. -Pues alguien vendrá á decirte lo que Muñeco de barro te decía. Ten paciencia. MUÑEQUITA DE CHINA. -No es que sufra inquietud porque me enamoren; no es impaciencia por el porvenir; es remordimiento por no haber sabido ser sincera y haberme dejado engañar por mí misma.