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Córtese por fia raya. CU R 1 O SI D A D E S PECES VIVOS EN HIELO EL VALOR l e e m o s visto el pescado entre hielo para que se conserve sieriipre fresco y en buenas condiciones para el consumo, pero es el pescado muerto: merluzas, besugos, lenguados, etc. etc. Lo que no sabíamos es que esos pobres animalitos pudieran vivir entre el hielo. Sin embargo, así parece. El experimento se hizo recientemente, con feliz resultado. Se metieron algunos peces en Un cubo de agua que fué sometida á una temperatura muy baja hasta congelarla; y quedaron, naturalméníe, los peces sepultados en aquel bloque de hielo. Al cabo de un año, al deshacer el bloque, los peces estaban aletargados, pero en cuanto se les puso en agua comenzaron á bullir, a, correr y á saltar como si no hubiera pasado nada. EL NÚMERO NU VE p i l número nueve tiene la particularidad de prestarse á varias con. binaciories. He aquí una de las más curiosas: 9 veces o más 1 I II I mas 2 9 veces, III 12 más 9 veces. 123 más i4 9 veces. mil 9 veces, 1234 más 9 veces, 12345 más 9 veces. 123456 más 1234567 más 9 veces, 12345678 máf 9 9 veces, 9 veces. 123456789 más 1 0 e r u LA PUNTA DEL LÁPIZ a mayor parte de vosotros oh jóvenes lectores de GENTE M E NUDA ¡tendrán la costumbre de meterse en la boca la punta del lápiz. Nosotros también la teníamos cuando eramos pequeños, y apenas habrá chicó que no la tenga. Bueno, pues esa costumbre, además de fea es muy perjudicial para la salud; porque en la barrita puede haber microbios de cualquier clas ¡todos son malos 5- -y excusado es decir... En una éseu, ela italiana se observó precisamente, no hace mucho, algo que comprüeba ese aserto. Se extendió rápidamente la difteria, y hubo de averiguarse que fué ocasionada por el cambio de lapiceros. El de un chico queja padecía pasó á otro cothpañero, y así se propagó. Ya lo sabéis. Chupad un carjunefo, pero nunca n lápiz. -36 Ó- una noche de Enero, en un cortijo, junto á la chimenea campesina, en una reunión de cazadores sobre el valor y el miedo discurrian, y tras varios relatos de aventuras, bastantes de las cuales eran filfas, vinieron á tratar de qué animales. demostraban mejor. su valentía. -Pa wí, dijo un guasón de la tertulia, no puede la cuestión ser más sencilla, el bicho rilas valiente es el mosquito que se encuentra á un león y va le pica. Compadre, qué valor ni qué ocho cuartos chiquitín y con alas no peligra, porque aunque ese león se vuelva mico para querer cogerle, no le pilla, Señores, no le den ustedes vueltas, dijo otro cazador, toda mi vida he creído que el gallo es el más bravo. ¡Hay que verle señores en la riña! En efecto repuso otro del corrci, cuando con otro igual se desafía V pelea hasta morir... excepto cuando sale de najá. y canta la galliíiá; pero yo nó le encuentro tari valiente como furioso. No es valor, es ira lo que le ciega, i El gallo es un Ótelo! -Pero, hombre, me parece á mí rr entira, exclamó otro del corro, que no caigan ustedes en la cuenta, ¿na adivinan que el más bravo es el toro, que acomete á una locomotora? Y le hace trizas por animal. Compadre, en ese caso hay más brutalidad que valentía. -Y usted, ¿no dice nada señor cura? -Para ini el más valiente eis la gallina. No se rían ustedes. Sé que es débil y que cualquiera cosa la intimida, pero también la he visto miichas veces, del maternal amor enardecida, hacer frente á las fieras alimañas por defenderlas crias. CH. -147-