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mmí EY Eí 6 mñ PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MIÉKCOLES 1 8 DE OCiUBRE n Octubre concluyen las vacaciones y con ellas la libertad de los pobres pequeños, cambiando la vida alegre de flaya ó campo, por la reglamentada del colegio ó de las clases en casa. P a r a los chicos tiene más atractivos la entrada en el colegio, sobre todo si son aplicados. El deseo de reconquistar un puesto perdido, la curiosidad de conocer á los nuevos compañeros y el afán de relatar lo que han visto y han hecho durante ei verano, L s sirve de compensación, y abandonan menos tristes su casa que las n i ñ a s además los chicos tienen que hacerse hombres y deben aprender á luchar unos con otros, desde su infancia; pero como la mujer lo que es preciso es formarla el corazón y educarla con el ejemplo, ¿para qué proporcionarla amarguras separándola de su madre, que siempre será la mejor educadora? Partiendo de la base de cj ue mis amables lectoras no enviarán sus hijas internas y que la que no tenga medios de instruirla con profesora ó institutriz se limitará á ponerla externa en un buen colegio, voy á darlas algunos detalles sobre sus toilettes. Como vestido de clase ó de diario tengo un modelo precioso, extraordinariamente sencillo. De ratina azul oscuro por un lado, y azul y blanco á cuadros menudos por el otro. Su hechura es muy fácil de ejecutar, l ara las niñas de ocho á doce años debe hacerse entero, para las mayores es mejor que la blusa sea de seda ó de piqué, completamente independiente de la falda. El gabán será igual para ambas. i. a falda, lisa y bastante amplia, se cierra sobre el lado izquierdo con botones y ojales de regulares dimensiones (la manía de los botones gigantescos va desapareciendo) Se corta de diez á veinte centímetros más larga de lo necesario, según el tamaño del vestido, para hacer un jaretón de ese ancho, volviendo la tela hacia afuera con objeto de que los cuadros del revés sirvan de cenefa. El gabán, ancho y cuadrado, tiene un gran cuello y solapas también de cuadros. Si el tiempo es bueno se abrocha solamente con un botón á la altura del talle; pero si hace mucho frío, se cruzan las solapas y se levanta el cuello, sujetándolo por medio de trabillas. Si no llueve, la moda prescribe que las chiquillas de ocho á catorce años usen siempre zapato á la inglesa; pero si el piso está mojado autoriza las botas de charol impermeable con suela y tacón de goma. Esta clase de vestimenta necesita un sombrero de fieltro flexible, de copa redonda y ala semigrande, sin el menor adorn o guantes de gacela forrados, y hasta los diez ú once años polainas de la misma piel. Como traje de vestir no se admiten más que los de batista blanca bordada ó incrustada, sin cuello y con las mangas cortas. Si la niña es muy chiquita, las mangas serán m u y cortas y los guan- E tes también, dejando todo el bracito al a i r e si son mayores, los guantes y las mangas deberán unirse un poco por debajo del codo. Naturalmente con esta toilette es indispensable un calzado primoroso para las pequeñas, calcetines de hilo de Escocia blancos y zapatos escotados de tafilete negro, y para las otras, medias de seda negra, sin calar, y zapatos también de tafilete, con muy poco tacón y hebillas de plata. E n previsión de un enfriamiento, será preciso que estas encantadoras muñequitas tengan su correspondiente pclisse, como las personas formales, forrada de raso blanco y que cubra por completo el vestido. CONDESA D ARMONVILLE. LA E D U C A C I Ó N D E LOS C R I A D O S I f na de las dificultades, ó mejor dicho, la más -grande de todas las dificultades, para las señoras, es encontrar buenos criados. El servicio está- aaa día más insubordinado; la influencia de las malas lecturas y del ambiente de libertad que nos rodea se ha posesionado de tal manera de sus cerebros incultos, que han olvidado por completo sus deberes, siendo ellos las primeras víctimas de su error. Aquellos criados fieles y adictos que daban su vida por salvar al amo han desaparecido. Los de l e y no tienen más que un solo punto de vista; ganar mucho y trabajar poco. P e r o como no hay mal sin remedio, las amas d casa pueden hacer buenos criados, si se toman el trabajo de educarlos. ¡T a r e a ingrata! es cierto. Al principio se pierde toda esperanza de éxito, jDero la mayoría de las veces se obtiene buen resultado. Si todas las señoras se uniesen para rechazar á los criados cuya honradez fuese dudosa, y cuya educación religiosa fuese nula ó insuficiente, renunciando á sus jprimores en obsequio de la moral, ellos se corregirían y nosotros ganaríamos mucho. Con método y constancia se puede conseguir un resultado brillante. E s preciso armarse de paciencia, y una vez decidida á sufrir el aprendizaje, buscar una muchacha cristiana y respetuosa, auncjue no sepa hacer nada. E n las Provincias V ascongadas se encuentran siempre. Después de explicarla detalladamente su obligación durante una semana, se observa si tiene deseo de hacer todo lo qué se lo ha encomendado, obligándola á que no altere el orden de sus quehaceres. Cada día se la debe enseñar un nuevo detalle para que no se confunda, evitando reprenderla injustamente. Desde el primer día debe obligárselas á contestar y preguntar en voz baja, bien derechitas y con las manos caídas; para! o cual conviene ponerlas por ejemplo á los criados que ellas consideren superiores.