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gar, igual que en el vertiginoso movimiento del acromóvil al cruzar el espacio, los lectores y los auditores del Heraldo de Cosmópolis se enteraron con asombro, no exento de escepticismo en los más, del ofrecimiento inesperado con que les brindaba el primer periódico del planeta. El artículo del Heraldo era breve, á la vez que claro y conciso. Decía así: Por vez primera, desde que existen periódicos en el mundo, va á haber uno que consagre una de sus secciones más extensas á la información e. racla y verídica de cuanto pueda interesar á la humanidad. No j- a el antiguo y desacreditado canard con que engañaba inocentemente á sus lectores la Prensa de hace dos siglos, sino la noticia de dudoso origen ó de veracidad incierta, serán rigurosamente excluidos de esta sección de nuestro periódico. No obstante, las publicaremos en otras secciones, pues no podemos dejar sin su habitual lectura al numeroso público á quien agrada más una mentira halagadora que una verdad ingrata. Este público nos paga bien, y merece que se le engañe, ya que lo pide y lo costea. Nuestros medios de información serán nuevos, originales y absolutamente seguros. Para nosotros no habrá secreto de Estado que no conozcamos en todos sus aspectos; invento en proyecto que no podamos describir con todos sus detalles; obra de arte que no reproduzca nuestro periódico con sus líneas más delicadas y sutiles antes c ue el artista la dé á conocer á sus amigos más íntimos; combinación financiera que no llegue á nuestro conocimiento tal como la imaginara su autor; vida privada que no podamos revelar al público en sus más íntimos pormenores. Seremos indiscretos por deber profesional, pero verídicos por propio interés, en la nueva sección de nuestro periódico. Nuestros colegas y rivales del mundo entero pueden ser nuestros jueces en este asunto. Si nos prueban que en la Información verídica que aparecerá desde mañana en nuestras columnas hay una sola noticia inexacta, nos comprometemos á entregarles un cheque de cinco millones de duros contra el Banco Mundial. Y, en efecto, el día 2 de Junio del año 2143 apareció por vez primera en el gran diario de Cosmópolis (y en todas sus ediciones, lanzadas de hora en hora á la publicidad) la Información verídica anunciada el día anterior é impacientemente esperada por millones de seres humanos. Era aquella sección extensa y variada, como lo son los asuntos que interesan á la humanidad: política, ciencias, arte, literatura, acontecimientos sociales, crímenes y sucesos diversos; todo clasificado, ordenado metódicamente, y todo categórico, concreto, sin sombra de incertidumbre ni asomos de vacilación. Los acuerdos adoptados en la última sesión secreta del Consejo Federal de Europa fueron pubhcados con tal lujo de detalles y con tanta preci- sión y seguridad en la reseña de aquella reunión, por más de un concepto memorable, que los asom brados consejeros no acertaban á negar en absoluto la veracidad de las informaciones del Heraldo. Inútil hubiera sido, de todos modos, que lo negaran, pues en el resto de la Información verídica era extraordinario el número de secretos dados á la publicidad, con verdadero asombro de sus felices ó desdichados poseedores. Al principio todos negaban exactitud á la revelación del secreto propio; pero esta misma inexplicable revelación les imbuía fe ciega en cuanto á la certeza del resto de la Información verídica 3 no tardó mucho tiempo en reconocerse por todo el mundo r ue algún maravilloso y oculto descubrimiento de la ciencia permitía renovar al Heraldo de Cosmópolis las famosas hazañas del clásico Diablo Cojuelo, levantando á su influjo misterioso los techos de todos los hogares é infiltrándose, como espíritu maligno y burlón, jn los últimos refugios de todos los pensamientos. Han pasado diez años desde que el Heraldo de Cosmópolis comenzó á publicar su Información verídica y ya no es un misterio para nadie lo que entonces llamara tan poderosamente la atención. ¿Quién no conoce el maravilloso descubrimiento de los rayos W, que atraviesan muros y cortinajes, llevando presas entre sus sutilísimas redes las imágenes de los objetos visibles y las vibraciones de los cuerpos sonoros, que luego se recogen y reproducen en aparatos especiales, maravillas de la física y de la mecánica modernas? El mundo antiguo, hasta los últimos años del siglo xiXj presentía apenas las múltiples y variadas manifestaciones de la energía que hoy reciben tantas y tan diversas aplicaciones en la industria. Los rayos Rontgen (ó rayos X) fueron la primera revelación de ese mundo misterioso de radiaciones, inapreciable para nuestros imperfectos sentidos hasta cpe un aparato, sencillo é ingenioso á la vez, nos pone en relación directa con sus ocultas energías. Hoy pasan de cincuenta las radiaciones que se conocen, casi todas de exclusivo interés para la ciencia pura; pero algunas de inmediata aplicación á la industria y á los usos corrientes de la vida social. Los rayos W son, acaso, los oras singulares. Radiaciones obscuras y de una fuerza de penetración casi infinita pasan en línea recta á través de todos los cuerpos, sin que nada revele su existencia á nuestros sentidos. Al producirse pueden ser lanzados en cualquier dirección y limitarse su alcance máximo; cuando llegan al término de su camino vuelven obscuros y silenciosos al punto de partida, trayendo en sus sutiles vibraciones imágenes de todo lo visible en el punto donde llegaron y reproducciones exactas de todos los sonidos que allí se escuchan. Con la palanca del manipulador en la mano, dirige el observador los rayos W al lugar, lejano ó próximo, que quiere examinar. Y enton-