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L rtese por a raya. LA S E D A Y EL TRAPO Pues señor. y ya de cuento: En un almacén de telas no sé cómo, quedó un trapo junto á una pieza de seda, la cual se sintió ofendida por la vecindad aquella, y en el colmo de la cólera le dijo de esta manera: ¿Quién eres tú, trago viejo, para que atrevido vengas á colocarte á mi lado? ¿Ño, ves que soy una pieza de seda pura, preciosa con la marca Clase extra? ¿Cuándo se ha visto que un trapo de limpiar el polvo ¿enga la osadía de ponerse jimto á sedas de primera? -En primer lugar, le dijo el trapo con gran modestia, yo no nie pongo; me ponen, y me estoy donde nieaejan; En segundó, si presume usted de ser tela nueva sepa que: también lo he sido y si estoy viejo es á fuerza de haber prestado servicios desde muy remota fecha. Quizás he sido más útil que usted que en tanto se aprecia, xpues he sido muchas cosas. -Calle el trapo y- no me venga hablando ae historia, s rancias. Me cargan las cosas viejas. Lo importante es el presente y el porvenir. Mire y vea lo que valgo y lo que vale, lo que espero y lo que espera. De mi se harán ricos trajes y los lucirán las bellas en salones y paseos v y andaré de fiesta en fiest. Quizas figure en la boda de alguna rica heredera. Quizás una actriz de fama me luzca sobre la escena. ¿Quién sabe si seré traje de corte de una princesa? ¿Y por qué no de una infanta? i Y por qué n ode una reina? Y tú pobre trapo viejo, ¿qué es lo qué en el mundo esper: Rodarás limpiando el polvo, los rincones de la tienda, y dentro de pocos días te llevará la trapera. Nó nos refieren las crónicas si la profecía aquella se cumplió: en todas sus partes, y aquélla tela soberbia llegó á ser; traje riquísimo de actrices ó de princesas. Mas sí se sabe que el trapo fué recogido en la espuerta de la basura y á poco fué al carro de la limpieza. Pasaron algunos meses, y. en aquella pisma tienda le decíaun dependiente á una señora -No queda más que un retal de una vara y cuarta, y para que vea que quiero servirla sólo la pongo nueye pesetas. Sacó la dama un billete que puso sobre la seda el cual la dijo bajito para que nadie lo oyera; -Yo soy aquel trapo, que hecho papel, cambié de existencia; tú vales treinta y seis reales y yo valgo cien pesetas. LOS HIJOS DE LOS REYES DE ITALIA en guerra con Turquía, y todos los periódicos Í: talia estánatural, de las cosas de ambos países. Por afinidadhablan, como es y por otra porción de cosas, nos interesa más la suerte de Italia que la de Turquía, aunque sería más agradable hablar de las dos naciones con motivo de sus pacíficas empresas, que no de la guerra en que están comprometidas. Nosotros en estos casos, nos. acordamos de los reyes y de los sufrimientos que les causará el ver pelear á sus subditos; y como sabemos que los de Italia son muy amantes de sus hijos pensamos que al contemplarlos se acordarán délos hijos de sus bravos soldados, ¿Se daráa cuenta los infantitps de estas preocupaciones de sus padres? Humberto, el heredero de la corona, algo vislumbrará, pues ya tiene eáad para hacerse cargo de las cosas. Jolanda también, pues es una criatura muy inteligente. En cambio Mafalda y Juana, están aún en ese período de la vida en que sólo se piensa en juguetes y distracciones. Los cuatro hermanitos se aman tiernamente. En Santa Anna di Valdieri, donde pasan el verano y parte del otoño, juegan juntos, dando ejemplo de fraternidad, que será duradera, puesto que está cimentada en los primeros años de su infancia. -ni 3-