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i K í de parecer en comparación con la comida? ¡Sumamente soso! Tragó el abadejo, pero no tragó el artículo. Lo leyó por encima... tenía un chiste que no estaba mal, pero no recuerda lo que decía. ¡Ya! ¡Ya lo saben las madres! Es decir: lo saben cronistas y articulistas. Por eso, si ellos pudieran, empezarían tocando una campanilla ó enseñando un lagarto, como los charlatanes de plazuela, antes de entrar en materia. En ocasiones el lagarto suelen ser los monos con que se ilustra el texto. Pero hay escritores que tienen que bailar sin música; es decir, escribir sin ilustración. (Se dice, no obstante, que de este modo han hecho reir algunos. Lo que hace falta es saber á quién. Pues la risa, digámoslo con tristeza, va desapareciendo, como aquella célebre media luna, lenta pero continuamente. La risa está llamada á desaparecer como la forma poética. Y sin las dos cosas no hay forma de hacer una poesía festiva. La risa es sana, es higiénica, es necesaria al cuerpo y al espíritu, pero... Dejamos los pañales deseando reir, y apenas crecemos un poco nos salen al paso los papas, el abuelito, el maestro... todos, todos, poniéndonos cara seria y diciendo: ¡Formalidad, niííos, formalidad! Los niños bien educados no se ríen. Y es claro. Si de niños nos enseñan á contener la carcajada, á tragarnos la risa y á ver como la cosa más natural del mundo las narices del maestro, la chistera del casero y las gafas del amigo de la casa que nos vio nacer, que vio nacer á nuestros padres y que vio nacer á toda la familia, ¿de qué nos vamos á reir al ser mayores? Las cosas más cómicas nos parecerán guardias del 14 tercio. Todo nos parece indigno de perder nuestra compostura. Y creyendo tener mucha compostura, resultamos unos simples. Nos dijeron un día que la risa era lo que distinguía al hombre de los demás animales, y ahora nos encontramos con que no sabemos reir. La humanidad puede decir, con el don Sebastián de La Verbena: Antes yo me reía de todo y ya no me río. Efectivamente: hasta hace poco al regocijado pueblo madrileño le bastaba ir al Retiro. para reirse de los peces de colores. Pero, ¿ahora, después de la desecación? Sería reirse de los desahuciados. La risa había encontrado un hermoso rincón donde refugiarse. ¿Dónde dirán ustedes? ¡En el Congreso! Los graves padres de la patria demostraron que aquel no era el palacio del momio, si acaso era el de Momo. Y los aficionados á la broma y la alegría buscaban con avidez las reseñas de las sesiones, fijándose con delectación en los parrafitos que tenían la acotación de (Risas) Ahora... ni eso. Píbujos de Mediua Vera. f 1i P Volvieron las discusiones serias, las catílinarias y los discursos latos. O arengas latas, según otros. Que no sé si tendrán razón; pero sé que en esas latas no es la risa la conserva. Creo, con esto, que he demostrado lo ofrecido; que es imposible hacer reir, sin que por eso deje de ser digna de encomio la idea del Sr. Luca de Tena. Que merece por ella el premio más apropiado al caso: una carcajada homérica. Pero, ¿quién la lanza? ¿Ustedes que todavía no han timplaof ¿Yo? ¡Qué risa, después que me quedo sin el objeto principal! Sería la risa del conejo. LUIS GONZÁLEZ CANDO. De nuestro Concurso Tvema: Como á nuestro parecer...