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n I r, í f 1 II I I 1 i anta ociosidad, I I -a a á una aldeana I l i I m, ya muestra de una anciana I I I ia gravedad. i 11 1 1 1 a pesadumbre odiosa fiera rigidez. I o su íaz rugosa; i I secó su frente hermosa, ureció su tez. 1 I de carne femenina rte y del amor, construcción divina, I I orma peregrina, I I i mujer es la flor. u belleza sonriente I I un egregio varón. e se ajará tu frente. s u a r d a entre sol y sombra tu forma omnipotente que un brazo tuyo vale más. que Homero y Platón RAFAEL TORRÓME. LAS CÉLULAS FEMENINAS La princesita ríe, la princesita llora, vertiendo risa y llanto en notas de cristal. Mirarla es admirarla. Subyuga y enamora, porqtie en su rostro brilla el pudor de la aurora cuando en Oriente apunta su nimbo celestial. Innúmeras doncellas le atusan los cabellos y las uñas le pulen con nimia pulcritud. Sus ojos resplandecen con vividos destellos, que brindan á los hombres, cuando se acercan á ello dulcísimos panales de amor y juventud Su carne, que retiembla, es fresca, blanca, dura, esplendida y turgente, de tersa morbidez, y aquel motivo espléndido de línea larga v pura que diseña su cuerpo, concreta su hermosura en los perfiles breves de su divina te; Es para amar criada y para amar nacida ella es el opio humano de los sueño- de anur -es el consorcio augusto del ario de la vida en conjunción tan bella, tan pura v lan cmmilida que en ella cabe todo menos el ser mejor. La hermosa princesita se asuma á la vcn; ana S; -ve, 4 m Biiil l 11 fet