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PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES II DE OCIUBRE el niño cansado de su juguete; pero me atrevo á afirmar c ue otro grupo excesivamente mayor, en el cjue incluyo al faubourg St. Germain y á las lectoras de LA MUJER Y LA CASA piden y hasta T e regreso al rinconcito de invierno, que, con sus muebles confortables y los mil detalles que amenizan la vida del hogar, nos parece siempre más agradable que los hoteles, por sublimes que sean, la primera ocupación de mis lectoras será, sin duda alguna, visitar los salones de las grandes casas de modas. Todas hacemos lo mismo. Este año, como el verano ha sido tan caluroso, no ha sido posible usar las toilettes de jerga y cachemira. Para muchas resultó una gran contrariedad pero como no hay mal que por bien no venga, ahora se alegrarán, puesto que aquellos dos ó tres vestidos, completamente nuevos, las permitirán esperar sin impaciencia que su modista ó el sastre terminen las primeras toilettes de otoño. Estamos en pleno periodo de transición y, por consiguiente, no conviene precipitarse para adquirir ó copiar modelos c ue quizá no sean más tarde consagrados. La lucha entablada entre las estrecheces exageradas y una amplitud de buen gusto cada vez es más tenaz, negándose ambos contendientes á someterse á su adversario. Esperemos que, por la calidad de las personas que luchan en favor de las faldas con un vuelo razonable, se abolirán las ridiculas entraves. La costumbre de presentar cada quincena un nuevo modelo, establecida por nuestros modistos, fomenta el capricho de la mujer moderna, despertando en ella un deseo vehementísimo de novedades. Este afán, traducido en constantes peticiones para que la moda sufra un cambio radical, será también favorable á los vestidos anchitos. Al menos, yo no concibo que pueda cambiar en otro sentido, porque suprimir diez centímetros de tela sería casi lo mismo que suprimirla en absoluto. ¿No les parece á ustedes? Hablando sobre esta exigencia del público, decía uno de los artistas predilectos de nuestras actrices La fiebre de novedades siempre es perjudicial á la perfección, sobre todo, cuando se ha llegado á conseguir una silhouette femenina tan encantadora como la de este verano. Era ideal; la antipática falda entravée había desaparecido y, exceptuando algunos pequeños errores, habíamos conseguido dibujar la línea con extraordinaria y severa fidelidad. ¿Qué más quieren? ¿Prefieren que volvamos á las mangas anchas y á las faldas plegadas? A esto no sabrían contestar, porque, como el niño que se cansa de un juguete pide otro, sin pensar en que el cambio sea ventajoso ó no, así nuestras clientes piden un cambio y nada menos que radical. Aquí acaba el modisto y empiezo yo. Quizá gran número de solicitantes pidan el cambio como imponen una transformación total de la moda con el solo objeto de que desaparezca esa hnea c ue con extraordinaria y severa (ó, más bien, ligera) fidelidad habían conseguido dibujar. Desde el punto de vista comercial, ellos son los primeros que desean inutilizar los vestidos de la anterior temporada y conservar el sobrenombre de creadores con que el orbe entero los denomina. Entre tanto, para calmar impaciencias, diré c ue las telas de dos caras seguirán usándose y que la novedad de este año es el terciopelo de ese mismo estilo, verdadero encanto por su flexibilidad. Las jergas tornasoladas han tenido gran éxito para los tailleurs. Se anuncian los colores amarillo, verde y azul, un poco vivos, y los terciopelos marbré, que servirán como adorno y para abrigos de noche. CONDESA D A R M O N V I L L E EL PERFUME DE LA CASA 1 a higiene rechaza en absoluto los perfumes, sobre todo, los que por su penetrante olor impregnan muebles y cortinas, siendo insuficiente el aire que penetra por los balcones para desvanecerlo. El cuarto tocador no debe revelar nunca lapresencia de los perfumes, que, encerrados en frascos de cristal, con doble tapón, reservan su aroma hasta el momento en que una mano discreta los destapa para extraer una gota, una sola. Si la estancia es suave (para mí ninguna como la violeta) resulta muy agradable echar una pizca en el pañuelo, ó, agitando ligeramente el frasco con objeto de que el líquido llegue al tapón, pasarse luego éste por la cara; pero nunca perfumarse los velillos ni el vestido, porque como son cosas que no se lavan, la esencia, al cabo de dos ó tres veces que se repita la operación, se reconcentrará de tal manera que sería imposible hacerla desaparecer. Los perfumes completamente personales no se deben imponer á los que nos rodean ó visitan. La mayor parte de las afecciones gástricas y de los trastornos del aparato respiratorio suelen tener por origen la vida en un ambiente poco aireado y saturado de perfumes. La casa no debe oler á nada más que á fresca; es decir, que al penetrar en ella, su atmósfera esté tan limpia de impurezas que los pulmones se dilaten y no sientan esa opresión malsana, irremediable al entrar directamente de la calle en un recinto cerrado, donde, con objeto de disimular algún olor desagradable, se perfuma, en vez de abrir todos los balcones, estableciendo corriente, para que arrastre tras de sí los malos miasmas.