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ido él á una estación solitaria de un pueblo perdido en la llanura. Iba en busca de una novia frivola y coqueta, de quien andaba entonces entusiasmado. Estudió en la Universidad Central el segundo curso de Derecho cuando la conoció. Ella era una burguesita madrileña, lagartona y ladina, que andaba á la caza del marido, y él era un ingenuo estudiante venido de una provincia del Norte, que apenas había tratado más que con toscas aldeanas del villorrio donde nació. La madrileñita le encandiló fácilmente y él se dejó prender en aquella red de zalamerías, entremezcladas con coqueteos, que constituían el repertorio de la muchacha. Al año y pico de hablar con ella, cuando ambos estaban muy enamoricados, ella salió una tarde de excursión á un pueblecito de Castilla donde la habían invitado unas amigas. Con sorpresa lo supo el pobre mozo cuando pasó por su calle á verla, como de costumbre, anochecido ya, á esa hora en que los faroles comienzan á temblar como fuegos fatuos. Sacrificando sus ahorrillos de estudiante tomó el tren para aquel pueblo. Llegó á las diez y esperó dos mortales horas paseando por el andén solitario de la estación. El tren descendente de Madrid no pasaba hasta las doce menos cuarto. A las once y media, cuando él ya se aburría de pasear arriba y abajo, comenzó á venir gente. A las doce menos veinte apareció ella, la deseada, entre un corro de amiguitas y de muchachos que la lisonjeaban. Al lado de ella iba uno arrogante, guapo, elegantísimo, con traza de conquistador, flíra mucho más alto y más esbelto que él; andaba magníficamente inciumentado, y sus manos resplandecían en la sombra cuajadas de sortijas. El, en cambio, era un pobre estudiante de mísera facha, cuya familia se sacrificaba por mantenerle decorosamente en la corte para que se hiciese hombre de provecho. Sintió su inmensa inferioridad ante aquel chico gallardo y apolíneo, á quien su novia se iba comiendo con los ojos. Le dieron unas ganas enormes de matar, de abofetear, de rugir su pena cara á las estrellas indiferentes... pero se sintió débil ante aquel Adonís- Hércules, y se esctiffíó discretamente, ya que no le habían visto, en un vagón desierto. Todo el trayecto lo pasó sombrío y taciturno, recordando los ojos negros y falaces de su novia, que ahora se posaban en otro con más cariño que en él. No volvió á ver á aquella engañadora. Desde entonces le quedó en el alma un saborcillo acre de misoginismo, un odio irreflesivo y ciego á toda mujer, fuese quien fuese. No volvió á tener novia ni se le conoció trapisonda alguna. Sus enemigos políticos tomaron de aquí motivo para insinuaciones infames. Se le afeó y se le satirizó, con humorismo superficial de periódico, por su desdén al eterno femenino. Nadie se explicó cómo hombre de tanta popularidad no la aprovechaba donjuanescamente. No compredían que era, como muchos misóginos, más bien que un despreocupado, un desengañado. Y ahora, en la paz del departamento solitario, mientras le mecía en dulce adormilamiento la música monorrítmica del tren, ese sonsonete extraño, al cual pone cada uno la tonada que le place, pensaba en aquella muchacha frivola, vulgar, antojadiza, que le robó un hermoso año de su vida juvenil. Las niñas del vagón contiguo promovían cada vez más alboroto, cantando en voz alta y contestando con zumba á las gansadas y chirigotas de sus acompañantes. El orador pensó que estas muchachas serían vulgares y frivolas como su antigua novia y, sin embargo, quizá habrían despertado una pasión desatada en el pecho de alguno de aquellos mozalbetes, románticos sin duda, como él lo era cuando joven. Ahora la vida le había curtido y sentía un desdén enorme por la mujer. Sin embargo, en la calma de aquella noche clara y pura de Castilla comenzó á preparar el exordio de un discurso que había de pronunciar en unos Juegos florales para los cuales había sido nombrado mantenedor. Pensaba comenzar así: Señoras y señores: La mujer, fuente de inspiración para el artista, acicate en la lucha por la vida, recompensa de nuestros esfuerzos, musa de la oratoria... ANDRÉS GONZÁLEZ- BLANCO. Dibujo de Méndez Bringa- -S 6 7 8-