Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Antón, el secretario del Ayuntamiento, no hay otro en te los contornos que dé con lo ue ice la esquela. Metió el jarro en la choza Sindo más amoscado que Durro con tábanos de Agosto, y cogiendo la vara de fresno echóse á caminar por la vereda de la huerta, diciendo: -Arre pa el pueblo, Tasio, á ver si el siñor Antón me sale por las mesmas y me acuerdo del siñor Bartolomé pa las malas. -Anda, anda... ¡El siñor Antón! pos sí que has dicho tú... i El siñor Antón! A los dotores les da raya el siñor Antón en custión de letras... ¡El siñor Antón! Ante él se plantaba Sindo una hora después con acento de ruego, diciéndole: -Siñor Antón. Aquí vengo á usté sobre el notario de la ciudá. y una esquelica que me trai más loco que mala hembra. ¡Qué bruto eres, Sindo! Conque sobre el notario, ¿eh? Bueno, y ¿qué es ello? -Que no atino con lo que ma escrito aquí el siñor Bartolomé sobre mi hijuela. La figura obesa, reluciente y pringosa del señor Antón, que parecía un tonel. de grasa lubrificante, irguióse en el asiento de pleita, y, adoptando el más despreciativo gesto, contestó: ¿Conque no sabes lo que dice? Es decir, que no sabes leer. ¡Animales! i Así anda España! Entre analfabetos y alcornoques. Si fuera yo que el gobernador ahora mismo te metía en la cárcel y te mandaba dar una paliza por bestia. iVIordíase los labios el matraco, y á no haberle ve- Calóse sus anteojos, cogió el papel con entrambas manos y lo alejó en traza de présbite. -Abre un poco aquella hoja de la ventana... así. Cierra la otra... más... ¡Pues sí que tiene bemoles la letrita! Daba mil vueltas al manuscrito entre las manos, si bien no tantas como la ira en las entrañas de Sindo, que tras de soportar los feos motes que al comienzo, hubo de regalarle el secretario, veíase una vez más con el dichoso escrito indescifrable trotando por senderos y callejas. -Mira, Sindo- -agregó con iiiás humanizado tono el consultado. -Esto es letra de médico, vete á la botica y dile á don Romualdo que te la descifre, y como ese no lo haga, date por vencido y toma el portante para la ciudad. Sin saludar salióse el maño, y con sus asendereados huesos dio en la farmacia del pueblo. ¿Qué te trae, muchacho- -preguntó c! boticario, seco y pergaininoso, con cara de pipa de tabaco muy usada. -Eso traigo- -dijo malhumorado Sindo y sin ganas de explicaciones; -que lo lea usté si pue ser. -Siéntate, hombre, siéntate. Parece que vienes cansadico y. de mal talante. Espera un poco reposando. Entróse con el papel en la rebotica y quedó el baturro impaciente y forano en espera de la últiina consulta. Mas íbanse los minutos con las últimas ganas de sufrir que á Sindo le quedaban, y cuando pasado ya un buen cuarto de hora se disponía á dar cuatro voces recias vertiendo todas las irritaciones l J I i! l 4 i I í t l l N, si nido á las mientes su Toña, frescachona y suculenta, en trazas de acuciadora para que con velocidades de tren diese cumplimiento á todos los requisitos que entorpecían su anhelada unión, mal habría parado la cantinela injuriosa del señor secretario, que como primero y jugoso plato solía servir á sus convecinos antes de alargarles el favor que le demandaban. -Trae, trae el papel, borrico- -ordenó mientras sacaba las gafas de la acartonada fun la. DibujoR ele Tcdina Vera. acumuladas, vio llegar hacia él al farmacéutico que agitaba. fuertemente el líquido de una botella. -Mira, mañicb- -díjole. -Que tome esto eíi dos veces, ¿eh? y si no se cura vuelves con la misma receta á por más medicina Y le alargaba botella y cuartilla notarial al asustado mozo, que oía y veía más mudo y paralítici que la estatua en mármol de El Asombro en un Mt, seo de escultura. JESÚS R COLOMA De nuestro Concurso. T ema: Maloc