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elegancia. Hizo cumplidos elogios de mi gallarda presencia y de la belleza del caballo. Estábamos colocados en priniera fila, y como la mañana era soberbia y el espectáculo gratis, la gente se apiñaba para contemplarlo. Lcila, la perrilla, se puso al verme desatinada, ladrando de alegría, lo cual no le pareció bien á Rolando, que empezó á impacientarse y á piafar, con gran mquietud de mi parte, hasta eme cogieron á la perrilla sin dejarla salir del coche, medida draconiana, que la hizo gemir amargamente. ¡Pobre Leila! El regimiento de Caballería de mi amigo Rasqueti estaba formado delante de nosotros. Rolando- -supongo yo- -se haría el siguiente soliloquio caballuno: el 4. escuadrón en que yo sirvo está allí; luego me voy con él y dando un achuchón á vanguardia, se fué á colocar precisamente al lado de su dueño, el sargento González, indudablemente. Fué tan rápida la acción (villana, por cierto) que no la pude evitar, y el regocijo de la gente que reía, tan grande como la horrible humillación que yo sufrí. Gracias á que apareció por allí, como llovido del cielo, el ordenanza que me había llevado el caballo, y al hacerse cargo de mi triste situación, lo cogió del diestro y me llevó de nuevo al lado del coche. Por el pronto, salí del apuro; pero á costa de ciertas sonrisitas burlonas que pude notar en los labios de mi novia, cuyas risitas mal disimuladas me amos; azaron de tal modo, que no volví á despegar mis labios ni á mirarla á la cara en todo el tiempo cjue la revista duró, que fueron dos horas mortales de necesidad. Yo me hubiera quitado de en medio mucho antes, pero me lo impedía la gente allí apiñada y el espectro, para mí temido, del 4. escuadrón, imán de Rolando; así que sufrí tan largo plantón con cierto detrimento de mis quijotes (nomenclatura de Esteban) Terminó la revista, se empezó á mover la gente, saludé ceremoniosamente á las señoras y me dije: A casa en derechura. Rolando emprendió un trote cochinero que me levantaba en alto. Quise trotar á la inglesa para mayor descanso, y como me elevalja á contratiempo daba cada golpe en la silla que me hacía ver las estrellas y execraba yo la memoria de Rolando ie de hierro que había dado su nombre á un animal tan terco y duro como éste qu; me desquijotó en absoluto. El ordenanza me esperaba á la puerta de casa y le di una buena gratificación; subí las escaleras, llegué á mi cuarto, me metí en la cama, y á fuerza de salmuera y reposo tomé nuevamente posesión, de mi sentido común, no volviendo á poner los pies en casa de mi novia, la cual estaba inconsolable, según supe por mis parientas. ¡Que se case con Esteban si quiera jinete decía yo para mis adentros. Algunos días después estaba yo sentado delante del café Suizo tomando un refresco cuando de pronto una galguita, elegante y fina, empezó á prodigarme sus caricias. ¡Era Leila! Le di un terrón de azúcar y la acaricié, diciendo: Tú eres una perra más agradecida que tu ama; me quieres porque sí, sin fijarte en que soy un mal jinete. ¿Se les habrá perdido en la calle? -pensaba yo. -Me la llevaré á casa y que se fastidien. Momentos después aparecieron María y su madre, todas desoladas, buscando á la perrilla. Me levanté muy fino y entregué á Leila, que se les había escapado en la calle de Sevilla. -Federico- -me dijo la madre, -háganos usted el favor de acompañarnos al portal más próximo para sujetarle allí el cordón á esta desertora y llévela usted en brazos. No pude negarme; cargué con Leila, entramos en un portal, y mientras la madre la sujetaba el cordón, María, toda encendida en rubor, deslizó en mis oídos las siguientes palabras: -Perdóname, Federico; yo no puedo vivir sin ti- -y dos lagrimitas como argumento contundente. Reconcihación, explicaciones satisfactorias, palabras marrulleras de la mamá y pérdida definitiva del sentido común. Al poco tiempo, tarjetas; véase la clase: Federico Costaladas. M. de la Gloria Valor de Costaladas. Salmuera, 23, pral. dcha. Nota. -No convidé á la boda al comandante Rasqueti. Bastante me dio que rascar con haberme prestado á Rolando. FELIPE MATHE. Dibujo de Méndez Bringa. 5 6 7 3