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LAS PULGAS AMAESTRADAS egün cuentan, el arte de amaestrát pulgas es antiquísittto; de -creer á los que en estos leves asuntos se han ocupadOj los asirlos y los egipcios de k más remota antigüedad se distraían con las habilidades de tales insectos. Con poco se contentaban aquellos buenos señores. Esto del amaestramiento de las pulgas es cosa difícil y molesta; difícil, por la paciencia que requiere; molesta, porque el domador mantiene á los animalitos á costa de su sangre. ¡Hay hombres para todo! Lo primero que necesita lograr quien se dedique á amaestrar pulgas es q u e no s a l t e n L a s pulga s d a n s a Itos hasta de dos metros y medio, es decir, de una altura equivalente á 768 veces su tamaño. Para quitarlas la costumbre de saltar se las aprisiona bajo una campana de cristal, y allí, á fuerza de golpearse contra las transparentes paredes, acaban por perder el vicio de dar saltos. Es cuestión de veinte días, hora más ó menos. La. segunda labor de la doma es más difícil, pues consiste en sujetar á las pulgas por el cuello con un hilo ó un cabello, y sólo la operación de 24 atárselo íequiefe un tacto especial pues si se aptieta mucho se laS mata, y si no se aprieta bastante quedan sueltas. Lo mismo puede decitse de la operación de cogerlas con unas pinzas; no, á todos les es dado realizarla bien. Se amaestra á las pulgas, como á los demás animales, a fuerza de castigos, que consisten en suspenderlas de un gancho por el hilo que tienen atado al cuello. Después del castigo las pulgas son obedientísimas y aprenden cuanto se las enseña; así es como llegan á poseer sus asombrosas habihdades de arrastrar un peso muchas veces inayof que el. desü CüerpOj tirat de Un caríito de cartón, empujar un vagoncito dé fe ffocarril de Juguete, etCij etc. Al parecef, las pulgas manifiestan predilección por determinados ejefcicios; por ejemplo, unas prefieren hacer equilibrios en un Rilo tirante; otras arrastran un carrito, y se resisten á practicar otras habilidades. Cuando acaban de trabajar, el domador se las coloca sobre sus brazos desnudos y las deja que piquen. Es su recompensa, pero ¿no será también el desquite de las pulgas? -325-